MONÓLOGO.
""#MONÓLOGO"
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...Escribir cosas es una forma de perderse sin mapa y sin rescate. Uno entra con nombre propio y sale con otra voz, con otra identidad o con ninguna. Cuando escribo cualquier cosa, no soy Tío Bero, no soy el que opina, el que fuma tabaco, ni el que hace estupideces, ni el que se ríe con sarcasmo, ni el que se indigna: soy apenas una mano empujando palabras como quien empuja un mueble viejo en la oscuridad, tanteando las paredes del pensamiento.
Hay días en que la escritura me usa. Me dicta desde un lugar que no firma. Me presta una rabia que no sé si es mía, una ternura que no me reconozco, una lucidez que dura lo que dura la frase. Después, cuando paro, queda el silencio… y ese silencio tampoco soy yo.
Parar de escribir es volver al cuerpo. Al café frío, al ruido del mundo, al cansancio real. Es mirarse al espejo y preguntarse: ¿fui yo el que dijo eso? ¿O fue el tiempo usando mi lápiz y mi voz por un rato?
Tal vez por eso escribo. No para saber quién soy, sino para aceptar que no soy uno solo. Que soy el que escribe y el que lee después lo que el primer tío escribió; el que lanza la piedra y el que se esconde la mano por si acaso la piedra cayó en un lugar equivocado. El que habla claro y el que a veces duda.
Escribir es quedarme sin identidad por unos minutos… para no perderme del todo en este mundo.
Y cuando paro, cuando cierro el cuaderno o apago la pantalla, queda algo raro: un Tío Bero pensando, mirando al vacío, sabiendo que ahí —en ese no saber— también hay verdad.
.....
#PeroElMonólogo #noTerminaAsí...
Porque escribir no es un acto limpio ni ordenado. Es una pelea silenciosa entre lo que quiero decir y lo que se me escapa sin querer, o sin proponérmelo. Cada frase es una negociación: con la soledad, con los recuerdos, con la memoria, con la rabia, con el miedo a ser criticado, a sonar ingenuo o demasiado cruel. A veces gano yo; casi siempre ganan las palabras.
Escribo y me fragmento. Una parte observa, otra acusa, otra se burla, otra se cansa... otra se ríe de las palabras.
Ninguna manda del todo. Por eso el texto avanza a empujones, como quien cruza una calle oscura confiando más en el oído que en la vista.
Cuando escribo no busco aplausos ni permisos. Busco aire y un poco de oxígeno.
Busco ese segundo en que una idea cae en su sitio y hace clic, como una cerradura vieja que todavía funciona. Ese segundo justifica todo lo demás.
Luego paro. Y al parar llega la duda, esa resaca moral: ¿servía decirlo?, ¿valía la pena?, ¿me expuse demasiado o no lo suficiente?
Parar es enfrentar el eco de lo escrito, comprobar si aguanta la luz del día.
Tal vez escribir sea eso: un ensayo constante de desaparición controlada. Me borro un poco yo, para que algo quede y salga a la luz.
Me contradigo a veces pa' no mentirme.
Y me pierdo pa' no quedarme quieto en un mismo lugar.
...Y si mañana vuelvo a escribir, volveré a no saber quién soy. Pero ya sé algo: mientras dure la frase, mientras la idea respire, no estar perdido es justo...
#YesLoDeMenos.
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