QUÉ PASARÁ CUANDO DEJEMOS DE CREER EN LOS POLÍTICOS?

--Por Tío Bero.

......El día que la humanidad despierte y diga: --“espérate un momentico… ¿y si todo esto era un teatro?”, ese día no habrá apagón eléctrico… habrá un apagón de ingenuidad.

Porque creer en los políticos es, en el fondo, un acto de fe. Una religión sin santos, pero con demasiados milagros prometidos.

-- Te ofrecen prosperidad en campaña como si repartieran pan en el desierto… y cuando llegan al poder, el pan desaparece, el desierto crece y uno termina agradeciendo las migajas.

--Ahora imagínate ese mundo sin fe política.

--Primero: colapsa el negocio del discurso bonito. Nadie aplaude promesas recicladas, nadie se emociona con palabras como “cambio”, “futuro”, “reformas”, porque ya sabemos que esas palabras vienen en envases vacíos. Sería como ver una novela repetida… pero sin actores buenos.

--Segundo: el político tendría que trabajar de verdad. ¡Horror! Tendría que demostrar resultados, no intenciones. Ya no bastaría con besar niños, abrazar ancianos y mirar al horizonte como si estuviera pensando en la patria… tendría que arreglar calles, bajar precios, resolver problemas. O sea, tendría que hacer lo que dijo que iba a hacer. Una tragedia para ellos.

--Tercero: el pueblo dejaría de ser público… y se convertiría en auditor. Ya no habría masas, habría memoria. Ya no habría aplausos automáticos, habría preguntas incómodas. Y ahí es donde la cosa se pone buena: cuando el ciudadano deja de creer, empieza a pensar.

...Pero cuidado… porque dejar de creer en los políticos no significa dejar de creer en todo. Ese es el truco peligroso. El cinismo total también es una trampa. Si no creemos en nadie, entonces cualquiera se cuela y nos jode. El problema no es la política… es el circo.

...Entonces, ¿qué será del mundo?

Probablemente uno más incómodo… pero más honesto. --Menos promesas… pero más resultados. --Menos discursos… pero más silencio productivo. Un mundo donde el respeto no se regale en campaña, sino que se gane en la práctica.

...Y quizás, solo quizás, ese día los políticos dejen de ser personajes… y se conviertan en servidores. O desaparezcan como especie en peligro de coherencia.

...Mientras tanto, seguimos aquí… creyendo un poquito, dudando otro tanto, y sospechando casi siempre.

...Porque el problema no es que ellos mientan…

El problema es cuánto tiempo más estamos dispuestos a seguir siendo pendejos y a seguir riendo y  aplaudiendo  las mentiras sabiendo que son mentiras.

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