CUANDO HERIMOS A LA NATURALEZA

--Por Tío Bero.

......Uno tumba un bosque y cree que solo cayó uno o cien árboles. Pero no.

...También cayó un pedazo de lluvia.

--Un pedazo de sombra.

--Un pedazo de tierra fértil.

--Un pedazo del canto de los pájaros 

--Y una parte del hogar de nuestros animales endémicos...

...Y, sin darnos cuenta, cayó también el precio razonable del café, del arroz, de los huevos y hasta del humilde ajo.

--Porque la naturaleza no manda facturas enseguida.

Ella apunta. Anota. Espera.

--Y después...  cobra con intereses.

...Hoy el café parece perfume francés.

--Las pastas se cotizan como joyería fina.

--El arroz ya no llena tanto la olla como antes.

--Los granos brincan de precio como atletas olímpicos.

--Y los huevos… bueno, los huevos ya casi vienen con guardaespaldas.

...La gente protesta en los mercados.

Le grita al gobierno.

Le grita a las tiendas.

Le grita a la inflación.

Y sí, parte de razón tienen.

...Pero hay otra verdad incómoda:

--Durante décadas hemos tratado a la tierra como si fuera inmortal y obediente.

--Le sacamos más de lo que podía dar.

--Envenenamos ríos.

--Secamos lagunas.

--Matamos abejas con químicos.

--Arrasamos manglares.

--Convertimos montañas en cemento.

--Calentamos el planeta como un horno industrial.

...Y ahora vienen las sequías.

Las lluvias locas.

Las plagas nuevas.

Las cosechas perdidas.

Los suelos cansados.

...Entonces el café sube.

--El cacao desaparece.

--La cebolla se pone histérica.

...Y un cartón de huevos provoca más tensión que una reunión familiar sobre política.

...La naturaleza no odia al ser humano. Pero tampoco negocia ni le ríe las gracias nada graciosas.

...Ella funciona con equilibrio.

Con ciclos.

Con tiempos.

Con respeto.

...Si rompemos eso… todo se desordena.

...Y el castigo no llega en forma de monstruo ni de película apocalíptica.

...Llega silenciosamente:

--en la bolsa del mercado,

--en la factura del supermercado,

--en la taza vacía,

--en la mesa más pobre.

...Porque cuando atacamos la naturaleza, ella no responde con discursos.

-‐Responde quitándonos lentamente las pequeñas cosas que hacían posible:

--El café de la mañana.

--El arroz de la abuela.

--El pan sencillo.

--La pasta barata.

--El huevo humilde.

--El olor del ajo friéndose en aceite... Y cuando esas cosas empiezan a desaparecer o se vuelven imposibles… entonces descubrimos algo terrible:

--La civilización era mucho más frágil de lo que creíamos.

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