LOS DINOSAURIOS DE UNA ISLA Y EL SILENCIO DEL TELEFONO ROJO
--Por Tío Bero.
......Después de cada viaje grande de Donald Trump, en La Habana vieja del poder siempre pasa lo mismo:
se reúnen los mismos compañeros de siempre, en el mismo salón de siempre, con el mismo café recalentado de 1987... a descifrar “las señales del imperio”.
...Pero esta vez el ambiente estaba raro. Muy raro.
...Porque mientras el mundo habla de negocios, tecnología, inteligencia artificial, minerales raros, comercio y poder económico... los dinosaurios en verde olivo siguen creyendo que todavía estamos en la Guerra Fría, esperando que aparezca un submarino soviético con croquetas, refrescos y esperanza.
...Y parece que no.
--Parece que el asunto viene feo.
...Porque después de cualquier acercamiento grande entre Washington y Pekín, los apagados estrategas del museo revolucionario empiezan a descubrir una tragedia dolorosa:
--“Compay… parece que, por el momento, nosotros no somos prioridad de nadie.”
Ni de Rusia.
Ni de China.
Ni de Marte.
Ni del Miércoles.
...La isla pasó de “Faro y Guía Revolucionaria de América Latina” a: “grupo electrógeno disfuncionalmente emocional”.
...Antes llamaban a La Habana “La Llave del Caribe”.
--Ahora parece más bien un candado viejo y oxidado… sin llave y sin corriente.
...Los viejos discursos ya no asustan a nadie.
Las consignas vienen con más polvo que convicción.
Y cada vez que hablan de resistencia heroica, el pueblo lo que pregunta es:
—“¿Y por fin... el pollo pa' cuándo?”
...Porque la realidad es muy cruel.
...Mientras el planeta negocia chips, satélites y billones de dólares… Cuba sigue discutiendo cómo resolver:
--los apagones,
--la guagua,
--el pan,
--el gas,
el salidero,
--y el desaparecido bistec de res, visto por última vez en la época de los mamuts.
...Y ahí están los dinosaurios políticos, mirando el mapa mundial con una lupa soviética rota, esperando que alguien venga a salvarlos; y pensando:
""Y ahora, quién podrá ayudarnos?""
...Pero el mundo cambió.
--China hace buenos negocios.
--Rusia hace buenas guerras.
--Estados Unidos hace buena presión.
--Y Cuba… hace mesas redondas, que ni tan redondas son ya.
...La tragedia más grande no es quedarse sin aliados.
--La tragedia es darse cuenta, demasiado tarde, que los “amigos históricos” eran amigos… mientras quedara algo que sacar de las montañas y de los mares.
...El Tío metiche de esta historia, cuando piensa, piensa que en política internacional no existen amores sublimes ni amistades eternas. Existen intereses pasajeros.
...Y cuando una economía produce más humo, más baba y más discursos que comida… hasta los aliados empiezan a dejar el teléfono en vibrador... o cambian el número.
...Mientras tanto, el cubano de a pie sigue inventando:
cocinando con carbón,
alumbrándose con el celular,
cargando cubos de agua de algún lugar,
y oyendo a los dirigentes explicar que “la situación está compleja, pero que se joderá, (perdón)... mejorará "tan pronto como sea posible".
...¿Compleja?
--No, socio. Complejo era armar un Lada con piezas de tres Moskvich distintos, de un tractor ruso y hacerlo arrancar y andar en Centro Habana.
...Lo de ahora ya es otra cosa.
--Ahora mismo los dinosaurios deben estar reunidos, sudando frío, mirando noticias internacionales y preguntándose:
—“¿Y si esta vez de verdad nos quedamos solos?”
--Y si nos sacan a patadas de la jungla?
...Y desde alguna oficina oscura, probablemente alguien respondió:
—“Compañero… solos no.
Nos queda la Mesa Redonda, la Baba y los Discursos.”
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