PA’ REÍRSE DE ESTE MUNDO… PRIMERO HAY QUE ENTENDER EL CHISTE

--Por Tío Bero (que ya entendió que el mundo no se ríe con uno… se ríe de uno primero)

...Dicen por ahí, con una seriedad que asusta más que un noticiero a las 11 de la noche, que para reírse de la vida hay que tener sentido del humor. Mentira.

Para reírse de este mundo, lo primero que hace falta no es humor… es resistencia mental, café fuerte y la capacidad de mirar la realidad sin que te dé un cortocircuito existencial.

Porque este mundo no es un chiste contado bien. Es un chiste mal editado, con mala iluminación, actores improvisados… y el público pagando entrada sin saber a qué vino.

Hay días en que uno despierta y dice: “Hoy sí voy a ser positivo.”

Y en ese mismo instante: – Se cae el internet

– Suben los precios

– El noticiero te da tres razones nuevas para preocuparte

– Y el vecino decide arreglar el mundo con taladro a las 7:00 AM

Ahí uno entiende algo profundo: la vida no está en tu contra… pero tampoco está a tu favor. Está ocupada. No te puede atender.

El problema es que nos vendieron la idea de que todo tiene sentido.

Que si te esfuerzas, avanzas.

Que si eres bueno, te va bien.

Que si haces las cosas correctas, el universo te devuelve equilibrio.

Eso suena bonito… hasta que ves la realidad actuando sin guion.

Porque el mundo a veces premia al que no hizo fila, al que no estudió, al que llegó tarde pero con confianza.

Y tú ahí, con tu esfuerzo doblado como camisa limpia, preguntándote: “¿En qué parte del plan fallé?”

Respuesta corta: en ninguna.

Respuesta larga: el plan nunca existió.

Pero ojo, aquí viene lo interesante.

El humor no es escapar del mundo. Es traducirlo.

Es mirar el caos y decir: “Ok… esto es absurdo, pero al menos es creativo.”

Porque si no te ríes, te quedas discutiendo con la vida… y la vida no debate, la vida simplemente sigue.

Y entonces aparece el Tío Bero, con su cara seria, su bigote filosófico y sus espejuelos oscuros, diciendo:

—“Mira muchacho… este mundo no se entiende. Se interpreta.”

Y eso cambia todo.

Porque entender el chiste no significa que tenga sentido.

Significa que ya dejaste de pelear con él.

Así que la próxima vez que todo parezca raro, contradictorio o directamente absurdo, no te apresures a arreglarlo.

Siéntate un momento.

Míralo como quien ve una comedia mal escrita pero inevitablemente entretenida.

Y si puedes… suelta una risa.

No porque todo esté bien.

Sino porque ya entendiste el chiste.

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