UNA REFLEXIÓN: NI CASAFORTUNAS... NI FAMA... NI ABDOMINALES.
UNA REFLEXIÓN: NI CASAFORTUNAS... NI FAMA... NI ABDOMINALES.
--Por Tío Bero, autoterapeuta del mismo Tío)
......Hay gente que pasa la vida persiguiendo fortunas, fama, abdominales, diplomas, seguidores y una felicidad de catálogo. Y, sin embargo, a veces uno se despierta una mañana cualquiera, respira hondo, se toma un café medio amargo, mira alrededor y descubre algo rarísimo en estos tiempos:
--una paz bastante decente.
--No perfecta. Decente.
--Porque la perfección es una estafa inventada por algunos políticos, vendedores de colchones, gurús de internet y gente que acomoda los cojines de la sala pa' las visitas del domingo.
...Yo, por ejemplo, me siento bien.
No tengo grandes problemas. Mi salud no es excelente, pero las pastillas hacen el truco; y todavía mi corazoncito, romántico, testarudo y caribeño, sigue en su lugar, marcando el compás.
...No tengo plata. Pero tampoco deudas. Y eso, en estos tiempos modernos donde medio planeta vive financiando hasta los calzoncillos, ya es una especie de privilegio y lujo filosófico.
...No me sobra nada.
Pero tampoco me falta lo que necesito. Y esa frase, aparentemente sencilla, vale más que una cuenta bancaria en Dubai, llena de plata malhabida, un corazón cerrado y una cabeza vacía.
...Me quieren los que me quieren. Y los que no… ni me entero. A cierta edad uno aprende que vivir pa' caerle bien a todo el mundo es un trabajo agotador y, además, INÚTIL.
... Hay quienes me encuentran ligero, tolerable, conversador y apapachable; incluso simpático cuando el café me sabe bueno y el tabaco no se me apaga. Otros piensan que soy pedante, raro, repelente o demasiado callaíto.
---Perfecto. No puedo cambiar lo que piensa nadie, ni nada a mi alrededor.
--Ese ya es problema de ellos; no mío.
Porque uno también descubre otra gran verdad: la opinión ajena tiene demasiada fama para lo poco que realmente importa.
...Ahora bien, tampoco vamos a romantizar demasiado nuestra existencia, porque en mi vida no todo es como pa' celebrar con mariachis, bombos y maracas...
--Mi cuarto, por ejemplo...
… aaaay, mi cuarto. Ese merece un estudio profundo, científico y psicológico de personalidad!
-- Ese lugarcito parece un nido de perras después de un ciclón tropical con intervención, bloqueo y asesoría soviética. No entiendo el fenómeno. Lo organizo-- a veeeces-- por la mañana y por la noche ya parece que allí vivieron veinte poetas alcohólicos, tres electricistas deprimidos, un vendedor ambulante de piezas rusas y siete terroristas en abstinencia.
--Hay libros abiertos como heridas.
--Mi computadora hablando sola o subiendo sátiras a la nube.
--Tazas vacías con sabor a café del día anterior haciendo guardia.
--Papeles que nadie sabe qué es lo que dicen ni de dónde salieron.
--Cinco pantalones, cuatro chores ripiados de tres veranos pasados, camisas y medias sucias en una silla... y todo eso, recuerdo ahora, desde la administración de Obama.
... Y ese misterioso rincón es mi cuarto, donde desaparecen los espejuelos, el celular, las chancletas, los fósforos, los ceniceros, pomos de pastillas, mi memoria y mi dignidad doméstica.
...Pero, curiosamente, en medio de ese desastre fácil, tibio, cómico, orgánico y humano, también hay algo parecido a la felicidad... a mi felicidad.
--Porque quizá la vida no era aquello hermoso que nos prometieron.
--Tal vez no consistía en alcanzar una cima gloriosa con música épica y ruiseñores volando de fondo. A lo mejor era esto: levantarme o llegar cansado de la calle, prender el café, encontrar una esquina tranquila y terapéutica en mi cama, con un televisor saludándome e invitándome a sobrevivir a los trasrazos, a la ingratitud, a ignorar unas cosas y apreciar otras muchas; aprender a respirar y reírme un poco con las cosas y tropiezos simples… y dormir sin reprocharle ni deberle demasiado al alma ni a nadie.
...El cuarto, sí, está desordenado. Pero la vida, a veces también lo ha estado. Es normal. Es parte de las otras partes.
...Pero mientras todavía quede humor, un celular, un dedo y ganas de escribir orgánico, sano y bonito, de fumar despacio un tabaquito bendito, de querer a unos pocos y de reírse del absurdo… entonces el desastre de mi cuarto sigue siendo, a mi entender, glorioso, justificado, razonable, humano y habitable.!!!
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