EL RELOJ DE DÍAZ-CANEL
--Por Tío Bero, (trovador del absurdo)
Díaz-Canel mira el techo,
sin corriente y sin discurso,
y el reloj marca en silencio
cada apagón del concurso.
El reloj de Canel cuenta
los minutos de apagón,
mientras el pueblo en la esquina
hierve café con carbón.
Cada tic-tac en Palacio
suena a promesa vencida,
y el pueblo cuenta los días
pa’ resolver la comida.
Se paró la guagua vieja,
se apagó el ventilador,
pero el reloj de Canel
sigue puntual, sí señor.
El reloj marca despacio
la paciencia popular,
porque hasta el tiempo en Cuba
se quiere también marchar.
Canel pregunta la hora,
nadie quiere responder,
porque en Cuba hace años
ya anocheció sin volver.
El reloj sigue contando,
frío, serio y sin piedad,
mientras el pueblo remienda
la eterna necesidad.
Tic-tac suena en la oficina,
tic-tac retumba el solar,
y el tiempo que pierde Cuba
nadie lo puede comprar.
El reloj de Canel tiembla
cuando falta la corriente,
porque hasta el pobre aparato
anda agotado y doliente.
Cada minuto que pasa
vale un pan y una ilusión,
pero el reloj de Palacio
vive en otra dimensión.
Tic-tac dice la pared,
tic-tac responde el fogón,
y el pueblo cocina inventos
con keroseno y carbón.
El reloj marca las horas
con discurso y reuniones,
mientras el pueblo hace colas
con apagones campeones.
Canel ajusta la hora
según venga el noticiero,
porque en Cuba hasta un minuto
depende del compañero.
Ya ni el reloj cree cuentos
de planes y mejorías,
porque sufre en cada barrio
las mismas melancolías.
El tiempo pasa en La Habana
como un barco sin timón,
y el reloj de Díaz-Canel
ya perdió hasta la razón.
Tic-tac canta la cocina
sin gas, sin luz y sin fe,
y el pueblo sigue despierto
viendo amanecer a pie.
El reloj pide descanso,
no quiere seguir contando,
porque hasta las manecillas
se le fueron emigrando.
Mientras gira el minutero
sobre promesas gastadas,
Cuba envejece en silencio
entre sombras apagadas.
El reloj de Canel marca
reuniones y orientación,
pero nunca encuentra hora
pa’ resolver la nación.
Tic-tac suena en Miramar,
tic-tac llora el solarón,
unos cenan langosticas…
otros inventan jabón.
El reloj de Díaz-Canel
vive gordito y formal,
y el hambre y los apagones
nunca llegan al central.
Cada minutico en Cuba
vale sudor y ansiedad,
menos pa’ los dirigentes
que viven su realidad.
Canel le dio cuerda al tiempo
con consignas recicladas,
pero el reloj siempre ríe
desde paredes rajadas.
Tic-tac marca la libreta,
tic-tac marca el apagón,
y el pueblo ya no distingue
entre tragedia y humor.
El reloj anda enredado
con tanta mesa redonda,
mientras el pueblo navega
sin gasolina y sin onda.
Las manecillas preguntan:
“¿Hasta cuándo el simulacro?”
y Canel le sigue echando
colonia al mismo fracaso.
El reloj de Canel dice
que todo va mejorando,
Y el refri en mi casa lleva
cinco días ayunando.
Tic-tac grita la pared,
tic-tac responde el cubano:
“el problema no es la hora…
es el reloj en la mano.”
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