WASHINGTON DECIDE AHORA: ¿CUBA DEMOCRÁTICA O CUBA OBEDIENTE?
--Por Tío Bero.
......Durante décadas, la política hacia Cuba ha parecido un péndulo que va de un extremo al otro. Unos apuestan por presionar al régimen hasta provocar cambios profundos. Otros prefieren suavizar las tensiones con la esperanza de que el acercamiento produzca transformaciones graduales. Pero detrás de todas las estrategias surge una pregunta incómoda:
¿Qué tipo de Cuba quiere realmente Washington?
¿Una Cuba auténticamente democrática, próspera, libre y capaz de tomar sus propias decisiones? ¿O una Cuba simplemente obediente, alineada con determinados intereses geopolíticos y económicos?
La diferencia es enorme.
...UNA CUBA DEMOCRÁTICA implicaría elecciones libres, libertad de prensa, independencia judicial, respeto a los derechos humanos y una economía abierta donde los ciudadanos puedan prosperar sin depender del Estado. Significaría una nación soberana que decide su propio destino, aunque a veces tome decisiones que no gusten ni a Washington, ni a Bruselas, ni a Pekín, ni a Moscú.
...UNA CUBA OBEDIENTE es otra cosa. Es una Cuba que cambia de dueño, pero no necesariamente de mentalidad. Una isla donde las órdenes simplemente llegan desde una oficina diferente.
Los cubanos han vivido demasiado tiempo bajo consignas, orientaciones, lineamientos, planes quinquenales, reuniones interminables y discursos de sacrificio eterno. Por eso muchos no sueñan con cambiar una dependencia por otra. Sueñan con algo más sencillo:
Ser dueños de su propio país.
Mientras tanto, el régimen cubano continúa utilizando el viejo argumento de la "amenaza externa" para justificar cada fracaso interno. Si falta comida, es culpa del enemigo. Si faltan medicinas, es culpa del enemigo. Si se va la corriente, también. Si llueve demasiado, casi también.
La libreta se vacía, los apagones aumentan, los salarios se evaporan y la población disminuye porque miles de cubanos siguen emigrando. Pero el discurso oficial permanece intacto, como un automóvil de 1957 que milagrosamente sigue rodando con piezas de refrigerador, alambre y fe revolucionaria.
La realidad es que ningún gobierno extranjero puede construir la democracia cubana. Esa tarea corresponde a los propios cubanos. Sin embargo, las grandes potencias sí pueden influir en el rumbo de los acontecimientos mediante sanciones, negociaciones, incentivos o presiones.
Y ahí está el dilema.
Si Washington apuesta únicamente por la ESTABILIDAD, podría terminar prolongando un sistema agotado. Si apuesta únicamente por la CONFRONTACIÓN, podría fortalecer la narrativa victimista del régimen. Y si apuesta por una TRANSICIÓN AUTÉNTICA, tendrá que aceptar que una Cuba libre no siempre actuará según los deseos de nadie más.
Quizás la pregunta correcta no sea qué clase de Cuba quiere Washington.
Quizás la pregunta sea:
¿Qué Cuba quieren los cubanos?
Porque al final de la historia, cuando desaparezcan los discursos, los embargos, las consignas y los comunicados diplomáticos, la isla seguirá allí.
Y serán los cubanos quienes tengan que decidir si quieren una nación libre para pensar, trabajar, prosperar y disentir... o seguir esperando instrucciones de alguien, venga de donde venga.
LA DEMOCRACIA VERDADERA NO ES CAMBIAR DE AMO... CONSISTE EN NO TENER NINGUNO.
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