SE FUE Y DEJÓ LA MORINGA
--Por Tío Bero.
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Se fue y dejó la moringa
como herencia nacional,
y el cubano preguntando:
“¿y el pollo viene al final?”
Se fue dejando discursos,
uniforme y maletín,
pero en la mesa del pueblo
ni un bistec ni un pan con swing.
Prometió leche y boniato,
café, futuro y honor…
y terminó la libreta
dando recetas de horror.
Sembraron mata y moringa
como quien siembra ilusión,
pero el hambre de los barrios
no cree en improvisación.
El Comandante se ha ido,
eso nadie lo discute,
pero dejó una moringa
que ni la chiva la escupe.
Entre apagón y consigna,
la isla sigue en candela,
mientras la mata e’ moringa
crece más que una novela.
“Esto cura, esto alimenta”,
decía el gran orador,
y el cubano murmuraba:
“Yo quiero arroz con sabor.”
Se fue dejando una planta
como legado inmortal,
porque dejar abundancia…
ya era mucho pa’l final.
Dejó la mata e’ moringa
como símbolo glorioso,
y el pueblo buscando aceite
cual si fuera oro en un pozo.
Se fue el hombre del tabaco,
del discurso y la emoción,
pero dejó al cubanito
con in trocito 'e jabón.
“Coman moringa”, decía
con mirada de profeta,
mientras el pueblo en la cola
se comía la libreta.
La moringa pa’ la anemia,
pa’ la presión y el estrés…
pero no cura el problema
de vivir al “inventés”.
Sembraron tanta moringa
que aquello parecía un monte,
pero el bistec de verdad
no se vio en el horizonte.
Se fue dejando la mata,
la consigna y el sermón,
y un país entero haciendo
carne de imaginación.
Del Caribe pa’ la historia
quedó el legado profundo:
la revolución
que puso esa yerba por mundo.
El Comandante en la gloria,
el pueblo en apagazón,
y la moringa luchando
contra el hambre y el ciclón.
Prometieron carne y leche,
queso, yogurt y café…
y terminaron diciendo:
-haz moringa y no café.
La moringa fue la estrella
en noticiero nacional,
porque enseñar un bistec
ya era materia ilegal.
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