LA HABANA SE DESMORONA — LITERALMENTE — SOBRE EL CARAPACHO OXIDADO DE LOS DINOSAURIOS VERDE OLIVO

--Por Tío Bero.

......Dicen que La Habana es una ciudad histórica.

Y sí… histórica es. Porque cada edificio parece estar participando activamente en una reconstrucción documental de la Segunda Guerra Mundial.

Uno camina por Centro Habana y no sabe si está en Cuba… o dentro de un videojuego de ruinas ancestrales postapocalípticas donde lo único que falta es un zombie vendiendo croquetas por la libreta.

Las paredes hablan. Los balcones tiemblan. Las escaleras meditan sobre el suicidio estructural. Y los techos… los techos ya no se caen: se lanzan con resignación revolucionaria.

—“¡Patria o Muerte!”

…y plafff.

Porque La Habana ya no se está deteriorando. La Habana está colapsando por cansancio moral.

--Sesenta y siete años oyendo discursos. --Sesenta y pico de años cargando consignas. --Sesenta y pico de años sosteniendo el ego mineral de cuatro dinosaurios verde olivo que todavía creen que un país se administra con baboserías, consignas, apagones y actos de reafirmación revolucionaria.

Y mientras ellos hablan de resistencia…

…las columnas se rinden.

Hay edificios que parecen estar aguantados por la fe de una abuela, tres palos de escoba y una foto vieja de Camilo.

Uno mira aquellas fachadas hermosas, destruidas, agrietadas, llenas de moho y tristeza… y siente que La Habana no está vieja: está abandonada emocionalmente.

Porque una cosa es pobreza. Y otra es abandono con discursos incluidos.

La ciudad se cae a pedazos mientras los noticieros explican que todo es culpa del embargo, del cambio climático, de Marte ubicado en el chakra equivocado y probablemente de un plan de la CIA para debilitar vigas y escaleras coloniales.

Pero jamás culpa de la imbecilidad y del desastre administrativo más largo del Caribe.

No, compañero.

Aquí la culpa siempre es externa. Aunque el edificio lleve cuarenta años orinándose por dentro.

Y lo más increíble es que los dinosaurios del poder todavía salen en televisión hablando de “victorias”.

¿Victorias de qué?

¿De haber convertido una de las ciudades más bellas del continente en una mezcla entre museo derrumbado y campamento soviético mojado?

Porque La Habana no necesita maquillaje. Necesita resucitación.

Y mientras tanto, el pueblo sigue viviendo dentro de edificios que crujen más que las rodillas del Buró Político.

La gente duerme mirando el techo como quien vigila un enemigo aéreo.

—“Coño… ojalá hoy no me caiga arriba la revolución completa.”

Y cuidado… porque ya ni los edificios creen en el sistema.

Por eso se tiran.

Primero cae un balcón. Después una pared. Después una escalera. Y cualquier día de estos aparece el Malecón caminando rumbo a Miami diciendo:

—“Hasta aquí llegó mi compromiso histórico.”

Pero los dinosaurios siguen ahí. Pegados al poder como lapas ideológicas. Oxidados. Duros. Incapaces de renovarse. Hablando de futuro con lenguaje de 1962 y administrando el país como quien cuida un tanque ruso sin gasolina.

Y debajo de ellos…

…La Habana cruje.

-Cruje de hambre. 

-Cruje de salitre. 

-Cruje de abandono.

-Cruje de cansancio...

...Como una ciudad que ya no se está cayendo por vieja…

…Sino Por Decepción!!!

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