MANUAL ECONÓMICO DE LA FANTASÍA TROPICAL
--Por Tío Bero, (auditor de fracasos)
...Según los iluminados de la economía cubana, el problema de Cuba no tiene nada que ver con la planificación, la administración, la producción, los incentivos ni los garrafales errores acumulados durante décadas. No. La culpa la tienen fuerzas misteriosas, fenómenos sobrenaturales y una conspiración universal contra el éxito revolucionario.
...Por ejemplo:
--Las desgracias existen porque no todo en la vida puede ser gracia y Jajá Bibí. Sería injusto y anormal que hubiera alegrías, felicidad y prosperidad todos los días. Hay que equilibrar el equilibrio del universo con apagones, colas y discursos de cuatro horas; porque cuando lo bueno es Too Much, es Too Much, y puede empalagar y hacer daño al autoestima.
...Las tierras no producen porque son malagradecidas. Después de tantos años de orientaciones, reuniones, consignas y visitas de inspección, resulta que los surcos no han sabido apreciar el esfuerzo realizado por los guayabitos de la revolución, desde las oficinas con aire acondicionado.
...Los cañaverales desaparecieron porque la legendaria Celia Cruz lanzó aquella poderosa maldición de "¡Azúuuucar!" y la caña, asustada, decidió brincar el Malecón y emigrar para siempre.
...Los mares están vacíos porque, según la más avanzada ciencia tropical, se pusieron "salaos". Los peces, al enterarse de la situación económica, solicitaron asilo acuático en otras aguas más prometedoras y con menos cantidad de sodio.
...La electricidad escasea porque demasiada luz puede afectar los ojos del mundo y la retina del pueblo. El apagón, por tanto, es una medida preventiva de salud pública. Una especie de oftalmología revolucionaria circunstancial y temporal.
...No hay carne, jamón, aceite, café ni sal porque el limón-- según estudios avanzados de Canel y la Machi-- es la base de todo; incluyendo lo dulce, lo ácido, lo acidito y lo agrio. Es decir, un limón bien administrado y apreciado, según ciertos adivinadores y expertos, nucleares, puede sustituir una Vaca, una Cafetera, una Refinería de Aceite y hasta un Supermercado completo.
...La famosa vaca Ubre Blanca dejó de dar leche porque el ordeñador la presionaba demasiado y le apretaba muy duro las tetas. La pobre res, agotada psicológicamente, decidió acogerse a una jubilación anticipada.
...En Pinar del Río hay apagones porque el compañero encargado de cambiar el switch... se apagó él primero y se mudó a otra provincia. Desde entonces nadie ha encontrado el interruptor nacional.
...No hay transporte porque caminar a pie, ahorra dinero,
fortalece las piernas, mejora la circulación, y evita los calambres y las várices. Cada parada llena de personas sudando, grajientas, obstinadas, deshilachadas y deshidratadas bajo el sol, es en realidad, un gimnasio-sauna popular gratuito.
...No hay vergüenza porque era verde como la yerba, estaba suelta por el campo y los chivos se la comieron. Los últimos restos desaparecieron hace años sin dejar evidencia... ni la yerba, ni los chivos aparecieron!
...Y no hay ni un carajo porque el país se encuentra en una fase estratégica de "reempezamiento permanente". Una técnica económica revolucionaria que consiste en re-comenzar de nuevo cada vez que algo fracasa, pa' entonces volver a fracasar con más experiencia.
...Mientras tanto, los ciudadanos esperan pacientemente la llegada de la prometida abundancia.
—¿Que cuándo llegará?
—""Tan pronto como sea posible"".
—¿Y cuándo será eso?
—Después del próximo plan; y cuando las condiciones hormonales y objetivas lo permitan.
—¿Y si tampoco funciona?
—Entonces vendrá otro plan y otra normalización pa' normalizar lo que se nos fue de las manos.
—¿Y después qué?
—Otro... otra cosa. Más simposios, congresos, acuerdos, recontraestructuraciones... y así así más o menos, hasta que adivinemos.
—¿Y después?
—Coño, compañero, no haga más preguntas tontas pa' hacerme perder mi valioso tiempo!!!.
...Y así continúa la epopeya nacional: un país donde la explicación de los problemas siempre aparece puntualosamente puntual, pero las soluciones siguen viajando en un ómnibus sin chofer estacionado en el mismo lugar y que ya lleva casi setenta años de retraso.
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