MAMÁ DORITA Y EL COCO HIDRATADO
""MAMÁ DORITA Y EL MISTERIO DEL COCO HIDRATADO""
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En el barrio nadie sabe de economía, ni de astrofísica, ni de política internacional… pero de coco, ¡ay de coco sí sabe La Mamá Dorita!
Sentada en su sillón de mimbre, abanico en mano y mirada de catedrática tropical, suelta la pregunta existencial:
—“¿Ustedes saben cómo le entra el agua al coco?”
Silencio. El nieto mira el celular. El vecino se rasca la cabeza. El primo dice que eso viene ya “preinstalado de fábrica”. Error.
Mamá Dorita carraspea.
—“El agua no le entra… ¡el coco la fabrica! Porque el coco es independiente, autosuficiente, cerrado por fuera y productivo por dentro. Como debe ser.”
Y ahí empieza la clase magistral.
Explica que el coco, cuando es joven, es puro entusiasmo y agua dulce. Transparente, fresco, lleno de promesas. Luego va madurando, se pone más duro por fuera, más fibroso, más resistente… pero por dentro sigue teniendo sustancia y cosas.
—“Aprendan del coco”, dice, señalando uno como si fuera un oráculo. “Por fuera duro pa’ que no te rompan. Por dentro dulce pa’ que no te amargues la existencia.”
Según Mamá Dorita, el agua del coco sirve pa’ todo:
— Pa’ la presión.
— Pa’ la resaca.
— Pa’l calor.
— Y hasta pa’ las decepciones amorosas, si se toma con dignidad.
Y el coco sólido, ni hablar.
—“Eso alimenta, fortalece y engorda lo justo. Rallado en el arroz con frijoles… eso es patrimonio nacional.”
Ella sostiene que el secreto de la vida está en ese equilibrio:
Agua y pulpa.
Suavidad y firmeza.
Refresco y sustento.
Entonces remata con su filosofía caribeña:
—“El problema no es cómo le entra el agua al coco. El problema es cómo mantener el agua adentro cuando la vida te quiere desbaratar y partir en dos.”
Todos asienten como si hubieran entendido algo profundo.
Y al final, mientras parte el coco con un machetazo limpio y lo reparte, concluye:
—“Sean como el coco, mis hijos. Útiles, completos y que cuando los abran… valga la pena.”
Y así, entre cucharadas blancas y sorbos dulces, Mamá Dorita vuelve a demostrar que en el Caribe no solo se bebe coco… también se aprende de él.
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