UNA SOMBRILLA Y UN DESPISTADO EN NUEVA YORK

 ""UNA SOMBRILLA Y UN DESPISTADO EN LA NEVADA""

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--Por Tío Bero, (que a veces es despistado... y a veces también lo es)

...Hay hombres que nacen valientes.

Hay otros que nacen prudentes.

Y después está este tío, que nació preparado… pero pa’ el clima equivocado.

...Vive en Nueva York desde el siglo pasado, donde el invierno no cae: se desploma con mala intención. Esa mañana la ciudad amaneció enterrada bajo una nevada que parecía venganza personal del enemigo brutal del Polo Norte. El viento silbaba como cobrador atrasado y la nieve llegaba muy cerquita de las rodillas, pero el tío —orgulloso, caribeño y terco como mula sin GPS— decidió salir al supermercado.

¿El objetivo? Plátanos, chuletas y café.

Porque el exilio podrá quitarte el sol y las olas del mar, pero no los antojos y el vicio de café y plátano.

Se puso tres abrigos, dos bufandas, guantes, botas Vaquetetumbo, espejuelos de sol, un gorro ruso de 1982 que parecía sacado de una película mala, y —atención— agarró una sombrilla.

Sí.

Una sombrilla.

Negra con slices verdes, o verde con slices negros, no sé... Elegante. Tropical. Lista para un aguacero de agosto en Pinar del Río... pero no para una tormenta blanca en Nueva York.

Apenas abrió la puerta, el viento le dio una bofetada moral. La nieve le entró por el cuello, por las orejas y por los recuerdos. Y él, firme, abrió la sombrilla como quien desafía los demonios del destino.

La sombrilla duró abierta exactamente cuatro segundos.

El viento la volteó como tortilla mal virada, como plato de antena de televisión.  Las varillas quedaron mirando al cielo pidiendo auxilio y el frío tío, agarrado al mango de la que fue sombrilla, se  parecía a la Mary Poppins después de una mala decisión financiera.

Avanzaba un paso… retrocedía dos.

La nieve y el viento le pegaban  gaznatones en la cara.

La sombrilla lo arrastraba como si tuviera vida propia.

Y en medio del caos blanco, con el supermercado ya a dos cuadraitas que parecían Siberia, el tío, no mojado, sino congelado y frío, gritó y preguntó al universo:

—¡¿Y PA’ QUÉ CARAJO SALÍ CON SOMBRILLA SI NO ESTÁ LLOVIENDO?!

...Silencio dramático...

...Porque esa es la pregunta que define al buen guajiro  inmigrante caribeño enfrentando un invierno de un crudo invierno de verdad: Uno Nunca Está Preparado Pa' Lo Que Realmente Cae Del Cielo.

...La sombrilla no protegía de la nieve.

No protegía del viento.

No protegía del frío.

...Pero protegía su dignidad.

Porque regresar a casa como un durofrío sin plátanos, sin fe, sin café y sin chuletas, era vergonzoso.

...Sin chuletas, tragedia.

...Sin café, apocalipsis.

...Y sin plátanos... derrota total! 

...Así que cerró la sombrilla (las varillitas peladas, o lo que quedaba de ella), la metió debajo del brazo como soldado herido y siguió caminando sin saber cuál era el objetivo de llevar el mazo de varillas debajo del brazo si ya habían dejado de ser sombrilla, murmurando que en Cuba el problema número 100 era que llovía de lado, pero por lo menos la lluvia era líquida, mojaba y no venía con ánimo de homicidio.

Entró al supermercado como explorador polar.

Con las botas mojadas y nevadas.

La nariz roja y moqueando. Los ojos llorando sin querer llorar.

La ex-sombrilla, traumatizada.

Pero el tío salió victorioso:

Plátanos verdes como la esperanza.

Chuletas gruesas y frescas como nostalgia.

Y café… negro, fuerte y sin contemplaciones, como debe ser.

Porque al final, la sombrilla no era pa' la nieve...

...Era para recordar, como otros cubanos, que uno puede cambiar de país, de costumbres, de clima y hasta de idioma…

pero nunca deja de salir preparado pa' la lluvia del Caribe, aunque lo que esté cayendo del cielo sea otra cosa.

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