67 AÑOS DE DICTADURA... POR QUÉ HA SIDO ESO?
---Por Tío Bero.
...Sesenta y siete años no son un accidente de la historia.
...Es demasiado tiempo para atribuirlo únicamente a la suerte, al miedo, a la propaganda o a la fuerza. Cuando un sistema permanece durante tanto tiempo, por muy autoritario que sea, vale la pena preguntarse qué mecanismos lo sostienen y qué responsabilidades existen, tanto dentro como fuera del poder.
¿Qué ha fallado? ---Todo!
¿Ha fallado la economía? Sin duda.
¿Ha fallado la política? También.
¿Ha fallado la administración del país? Basta mirar el deterioro de muchos servicios y las dificultades cotidianas para comprender que hay problemas profundos.
Pero quizá la pregunta más incómoda sea otra.
¿Quiénes hemos fallado?
Es fácil señalar únicamente a quienes gobiernan. Mucho más difícil es reconocer que, en distintos momentos, también hubo silencios, resignaciones, risas, alegrías, cooperación, divisiones, miedos, desencuentros y la tendencia a esperar que otros resolvieran lo que nos correspondía enfrentar a nosotros como sociedad.
La historia rara vez la escribe una sola persona. La construyen millones de decisiones, grandes y pequeñas.
Y entonces surge la pregunta que más preocupa:
¿Cuál es el futuro de este país?
Nadie posee una bola de cristal.
El futuro dependerá de la capacidad de los cubanos para imaginar un país donde las diferencias puedan discutirse sin odio, donde el talento encuentre espacio para prosperar, donde las nuevas generaciones no sientan que su único proyecto de vida consiste en marcharse.
Los pueblos cambian. La historia cambia. Ningún modelo político es eterno. Pero el cambio, cuando llega, necesita ciudadanos preparados para construir, no solamente para derribar.
Tal vez, dentro de algunos años, la pregunta ya no sea por qué una etapa duró sesenta y siete años.
Tal vez la verdadera pregunta sea qué aprendimos de ella para no repetir los mismos errores bajo otros nombres.
Porque un país no cambia únicamente cuando cambia un gobierno.
Empieza a cambiar cuando los ciudadanos cambian la manera de pensar, de dialogar y de asumir responsabilidades.
Y ese cambio, aunque parezca pequeño, siempre comienza en cada ciudadano.
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