LA VIDA PLÁSTICA: EL GRAN TEATRO DONDE CASI NADIE ES QUIEN DICE SER

--Por Tío Bero.

...Vivimos en una época tan plástica, que si uno se pellizca... no sabe si le duele la piel o el personaje.

Cada mañana millones de actores salen de sus casas sin haber pasado jamás por una escuela de teatro. Y, sin embargo, ¡quéeee perras  actuaciones! El humilde interpreta al millonario; el arruinado posa de magnate; el cobarde habla como guerrero; el ignorante da conferencias de etiqueta y glamur; y el infeliz publica treinta fotos diarias demostrando lo feliz que es.

Las redes sociales, (o redes especiales)  parecen una inmensa tienda de disfraces abierta las veinticuatro horas.

Allí todos son expertos, divinos,  sabios, filósofos, patriotas, modelos, gurús financieros, nutricionistas, psicólogos, entrenadores, analistas políticos y hasta enviados especiales del universo. Lo único escaso es la autenticidad.

Hay matrimonios o parejas que ríen y se abrazan pa' la foto... y se ignoran y se odian apenas se apaga la cámara.

--Hay revolucionarios con aire acondicionado.

--Capitalistas que predican igualdad... desde un yate o desde su mansión en Dubai.

--Espirituales que te insultan y te dicen horrores al primer comentario que no les gusta.

--Santos encubiertos que se odian ellos y odian la humanidad.

--Y humildes... tan humildes, que necesitan anunciar su humildad cinco veces al día.

La humanidad se ha convertido en un inmenso carnaval donde las máscaras ya no se usan en carnavales  una vez al año, sino los trescientos sesenta y cinco días.

Lo más curioso es que toooodos  terminan creyéndose el personaje que inventaron: Empiezan actuando... y acaban olvidando quiénes eran antes de maquillarse y subir al escenario. ¡Qué tragedia tan cómica!

Porque la estabilidad y la paz no llegan cuando conseguimos convencer al mundo de que somos únicos, divinos y  extraordinarios... Llegan  cuando nos arrancamos la careta,  dejamos de fingir y tenemos el valor de mirarnos al espejo sin maquillaje para el alma.  Al final, la vida es sabia.

El tiempo despeina las pelucas, despega las pestañas postizas del ego, derrite el maquillaje de las apariencias y rompe el plástico con el que envolvemos nuestra verdadera identidad...

...Y entonces aparece, desnudo y sin filtros, ese ser humano que estuvo toda la vida con miedo, enganándose y respirando a medias y  esperando su propio  permiso para ser él mismo. Así que cuidado... No vaya a ser que un día tu  personaje reciba toooodos los aplausos y bendiciones del mundo... mientras la persona de verdad muera escondida entre bastidores sin que nadie llegue a conocerla.  Quéeee Pena!

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