TE MATAN... Y NO TE PAGAN
---Por Tío Bero.
...Hay personas que sobreviven a un accidente, a un huracán, a un suegro con mal carácter, a una intoxicación con cangrejos y hasta a una reunión familiar de seis horas. Yo, en cambio, estuve a punto de ser derrotado por una pastillita del tamaño de una semilla de melón.
Mi seguro médico es buenísimo. Tan bueno, que me hacen análisis para todo. Me miran la sangre, el corazón, la próstata con las áreas aledañas, la moral, los pensamientos, los pulmones, los huesos... y si un mosquito me pica, lo buscan y seguro le hacen un ADN y un examen de sangre al mosquito también.
Un día la doctora, a quien desde hoy bautizo cariñosamente como la doctora Metfor, revisó la computadora y decretó:
—Vamos a mandarle 500 miligramos diarios de metformina... para que no llegue a ser diabético en un futuro futuro.
¡Quéee tremenda previsión! Ya no se conforman con curar enfermedades. Ahora también quieren curar las que todavía no han llegado.
Obediente como buen paciente, empecé a tomar la pastilla.
A la semana ya parecía un teléfono celular con la batería al dos por ciento.
Me desmoronaba como una barra de mantequilla en puro verano.
Me entró una flojera olímpica que no se la deseo ni al atleta más enemigo.
Una bobería profesional que no me soltaba.
Un cansancio con doctorado sin motivos pa' estar cansao.
Y unos mareos que me tumbaban más rápido que un ciclón tropical categoría 9.
Me caí tres veces... Tres.
La primera fue una sorpresa.
La segunda, una confirmación.
La tercera ya parecía un entrenamiento pa' las Olimpiadas de Caídas Libres de Cabeza Pa'l Abismo.
Entonces desarrollé una técnica de supervivencia: al primer mareíto... ¡de rodillas al suelo! ... Mejor arrodillarse por decisión propia que besar el piso o comerse un pedazo de alfombra por obligación.
Al final hice lo que muchos pacientes terminan haciendo cuando sienten que algo no anda bien: suspendí la metformina por mi cuenta.
Y ocurrió el milagro.
--Desaparecieron los mareos.
--Se fue la flojera.
--Se esfumó la bobería inducida.
--Regresé a mi estado normal de Boberías Genéticas.
--Volví a ser el mismo Tío Bero de siempre.
--Tres meses después regresé al hospital.
...La doctora revisó la computadora, frunció el ceño, miró debajo del buró, se cambió las chancletas y me preguntó:
—¿Who asked you to take this medication?
—Usted, doctora Metfor.
Se quedó unos segundos mirando la pantalla y exclamó:
—¡Suspenda eso inmediatamente! ¡Usted no necesita ese medicamento!
Yo, muy serio, asentí con la cabeza.
No le dije que llevaba casi tres meses obedeciendo esa orden... antes de que ella la diera.
Y así terminó la historia de la metformina, de la doctora Metfor y del Tío Experimento.
Desde entonces dejé de arrodillarme por los mareos.
Ahora solo me arrodillo... cuando se me cae el teléfono o una peseta al piso.
...Porque, oye... una cosa es confiar en la medicina... y otra muy distinta es servir de conejillo de Indias sin cobrar el salario por promocionar, diría yo, la "Deformina"
Al final aprendí una gran lección: hay tratamientos que te curan... y otros que casi te entierran vivo "en plena juventud".
¡Y lo peor es que te matan sin declararte culpable de alguna cosa, sin hacerte famoso... Y Ni Siquiera Te Pagan!!!
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