EL DÍA QUE DECIDÍ DEJAR DE SER YO PARA SER OTRA PERSONA

—Por Tío Bero

...Hay días en la vida en que uno se mira al espejo y, en lugar de preguntarse “¿quién soy?”, termina preguntándose:

“¿Y si dejo de ser yo y me convierto en otra persona?”

--No porque uno esté cansado de vivir... ¡No, señor!

--A veces uno está cansado de estar tanto tiempo siendo uno mismo. Porque ser uno mismo tiene sus inconvenientes.

--Uno piensa demasiado, siente demasiado, recuerda demasiado y, para colmo, tiene la mala costumbre de decir lo que piensa en un momento o en un lugar que no es oportuno.

...Así que aquella mañana me levanté decidido.

--¡Se acabó!

Hoy no voy a ser Bero.

Hoy voy a ser otro... otra cosa, ni sé!

--Lo primero fue cambiar la cara.

Me miré al espejo y dije:

—Buenos días.

El tipo del espejo me contestó:

—Buenos días. (¡Yaaaa empezamos mal!)

--¡Seguía siendo yo!

...Entonces decidí cambiar mi manera de hablar.

—Buenos días, estimado caballero.

El del espejo:

—Buenos días, estimado caballero.

¡Oooooye!

¡Hasta el espejo se estaba burlando de mí!

...Decidí entonces cambiar mi personalidad.

Me dije:

—A partir de hoy seré una persona seria, fría, calculadora, prudente y diplomática.

--Duré aproximadamente diecisiete segundos.

--Después vi una cosa estúpida y absurda en Facebook y empecé a escribir un comentario de tres párrafos.

¡Fracaso total!

...Entonces pensé:

--“Quizás el problema no está en mi personalidad. Quizás está en mis costumbres.”

...Y ahí sí me asusté.

--Porque uno puede cambiar de vecindario...

--puede cambiar de  camisa...

--Puede cambiar de zapatos...

--Puede cambiar de opinión...

--Hasta puede cambiar de país... Pero cambiar las costumbres es como intentar enseñarle a un gato a respetar la luz roja de los semáforos, o una constitución.

¡Imposible!

...Decidí que el nuevo yo no iba a recordar el pasado.

Muy buena idea.

El problema es que el pasado tiene memoria.

Me acordó de cosas que yo quería olvidar.

Personas que no quería recordar.

Errores que prefería archivar en la carpeta de “cosas que jamás volveré a hacer”. Y entonces comprendí algo:

--Uno puede intentar convertirse en otra persona, pero siempre carga consigo al personaje original.

Puedes ponerte peluca,  cambiarte el nombre.

La ropa.

El peinado.

La ciudad.

El idioma.

El acento.

Hasta puedes comenzar a decir:

—¡Vaaale, tío!

cuando hace seis meses decías:

—¡Asere, qué bolá!

Pero por dentro...

Sigues siendo tú.

Y eso me llevó a una conclusión todavía más incómoda:

Quizás nunca quisimos realmente dejar de ser nosotros.

Quizás lo que queríamos era dejar de ser LA VERSIÓN  de nosotros que ya no nos gustaba.

¡Ahí está el detalle!

Porque yo no quería dejar de ser Bero.

Yo quería dejar atrás

--mis miedos.

--Mis inseguridades.

--Mis traumas.

--Mis fobias.

--Mis errores.

--Mis tristezas.

--Las decepciones.

--Las personas que me hicieron daño.

--Las veces que me quedé callado cuando debía hablar.

--Y las veces que hablé cuando hubiera sido mejor cerrar la boca.

¡Especialmente esas!

Entonces comprendí que convertirse en otra persona no siempre significa cambiar quién eres.

A veces significa *ATREVERTE a cambiar lo que ya no quieres seguir siendo.

Y quizás esa sea la verdadera transformación.

--No matar al viejo yo.

--No esconderlo.

--No avergonzarse de él.

--Sino mirarlo a los ojos y decirle:

—Gracias por haberme traído hasta aquí, convertirme y   permitirme ser YO.

Porque aquella  persona que fui cometió errores...

Pero también --sobrevivió.

--Lloró.

--Rió.

--Perdió.

--Ganó.

--Se equivocó.

--Volvió a levantarse.

--Y siguió caminando.

...Entonces regresé al espejo.

Me quedé mirando al tipo de enfrente durante unos segundos.

Y le pregunté:

—¿Tú quién eres?

Él me respondió:

—El mismo de siempre.

Sonreí.

—Entonces estamos jodidos.

Y el tipo sonrió también.

Fue entonces cuando decidí algo mucho más sencillo:

No voy a dejar de ser yo.

Voy a ser una MEJOR VERSIÓN de mí.

Porque después de tantos años descubriendo quién soy...

sería una verdadera estupidez convertirme en otra persona.

Además...

¡ya tengo bastante trabajo tratando de entender a este cabronazo casi perfecto  que vive dentro de mí!!!


—Tío Bero

...............

CUARTETICAS: "EL DÍA QUE NO ERA YO"

Si un día cambio de nombre,

de camisa y de apariencia,

yo seré el mismo hombre

con la misma irreverencia.


Quise dejar de ser yo,

convertirme en otro ser,

pero el espejo me dijo:

“¡Tú no te vas a esconder!”


Me cambié hasta la manera

de hablar, de andar y pensar,

pero mi vieja conciencia

me volvió a identificar.


Quise borrar el pasado

como quien borra un papel...

...y el pasado, descarado,

¡se me apareció otra vez!


Yo quería ser diferente,

más tranquilo y más formal,

pero apareció mi mente

y su costumbre de opinar.


Quise ser serio y prudente,

callado, culto y certero,

y despertó de repente

mi bendito Tío Bero.


Cambiar no es dejar de ser

la persona que hayas sido;

es aprender a crecer

sin renegar del camino.


No seré otra persona,

ni cambiaré a alguien más;

quiero ser quien soy ahora...

...y mucho mejor que atrás!


Y si el espejo me mira

y pregunta quién yo soy,

le diré: “¡Tu no me jodas!

¡Soy yo... Y soy mejor que hoy!!!

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