🇨🇺 SEIS MESES EN ESPAÑA Y YA NO SABEMOS SI HABLAMOS CUBANO, ESPAÑÓ… O ANDALÚ!

PERSONALIDAD INSTANTÁNEA: CUBANO, ESPAÑÓ O ANDALÚ?

--Por Tío Bero, (ni españolizao, ni andaluzao)

......Hay cubanos que se van pa’ España hablando cubano de nacimiento, cubano de barrio, cubano de solar, cubano de guagua y cubano de «¡asere, pásame la sal!».

...Pero espérate seis meses.

¡SEIS MESECITOS NADA MÁS!

...A los seis meses regresa el hombre y tú lo miras fijamente tratando de descubrir qué le pasó.

—¿Tú eres Pedrito?

—¡Hombre, claro que soy Pedrito! ¿Qué pasa, tío?

---¡¿TÍO?!

Ahí uno empieza a sospechar.

—Pedrito, ¿qué te pasó?

—¿A mí? Nada, hombre, pue; estoy fenomenal.

¡FENOMENAL!

...Hace seis meses ese mismo individuo decía:

—Estoy bien, asere, aquí tirando.

Ahora dice:

—Estoy estupendamente, aunque un poco cansado, porque ayer fui al curro y luego pasé por el súper.

¡CURRO!

¿QUÉ CURRO?

¡TÚ LO QUE TENÍAS ERA UN TRABAJO!

...Y lo más impresionante es que el cambio no ocurre solamente en las palabras. ¡CAMBIA HASTA LA MUSICALIDAD!

...El cubano recién llegado a España todavía conserva el:

—¿Qué bolá, asere?

Pero a los seis meses aparece:

—¿Qué tal, tío? ¿Cómo andamos?

...Y cuando llega al año ya está diciendo:

—¡Venga, hombre, que nos vamos!

...Uno quisiera preguntarle:

—¿Y tú no eras de Centro Habana?

—Sí, coño.

—¿Y entonces por qué hablas como si hubieras nacido en Madrid?

—¡Porque hay que integrarse, mi niño!

¡MI NIÑO!

...Eso es gravísimo.

Porque el cubano puede perder la residencia, puede perder el pasaporte, puede perder la balsa, el avión y hasta la paciencia…

¡PERO NO PUEDE PERDER EL «MIJO»!

...Y después viene el proceso de adaptación gastronómico-lingüística.

-Antes:

—Voy a comejme un pan con croqueta.

-Después:

—Voy a tomarme un bocadillo.

¡BOCADILLO!

---¿Dónde quedó el pan con croqueta, criatura?

...Y si le preguntas qué quiere tomar:

-Antes:

—Dame un refresco.

-Después:

—Una Coca-Cola, por favó.

...Y si quiere café:

—Un café con leche.

¡SE ACABÓ EL CAFÉ CUBANO!

...A los seis meses ya no pide «un buchito de café».

¡PIDE UN CORTADO!

...El pobre hombre salió de Cuba siendo cubano y regresó convertido en una mezcla lingüística de cubano, madrileño, andaluz y turista de Benidorm.

...Pero el fenómeno más espectacular ocurre con el acento. Porque hay cubanos que llegan a España y, en cuestión de meses, empiezan a eliminar letras como si estuvieran haciendo limpieza de inventario.

«ESTÁS» se convierte en «TA».

«PARA» se convierte en «PA».

«TODO» empieza a sonar como «TO».

Y cuando menos te lo esperas:

—¡No pasa ná, tío!

¡¿NÁ?!

¡TÚ DECÍAS «NADA», COMPADRE!

...Y si la persona vivió en Andalucía, ya la cosa entra en categoría científica.

-Después de siete meses:

—Mi arma, ¿qué dise?

¡MI ARMA!

¡AY, DIOS MÍO!

¡LA VIEJA SE VOLVIÓ MÁS ANDALUZA QUE LOLA FLORES!

...Vino de paseo a Cuba:

—Ay, dio mío, ziete año zin mi Cubita...

—Mi coche alquilao e aquel aparcao a la verita del río...

...Y uno se queda mirando aquello pensando:

«¿Pero esta señora salió de Santiago de Cuba o de Sevilla?»

Lo curioso es que nosotros los cubanos también tenemos nuestro propio talento para transformar idiomas.

Un cubano puede llevar treinta años viviendo en Estados Unidos y seguir hablando español con acento cubano, inglés con acento cubano y hasta español-inglés con acento cubano...

...Pero llega a España…

¡Y EN SEIS MESES SE TRANSFORMA!

...Empieza diciendo «ordenadó» en vez de computadora.

«Móvil» en vez de celular.

«Piso» en vez de apartamento.

«Coche» en vez de carro o máquina.

«Conduzí» en vez de manejar.

«Zumo» en vez de jugo.

«Vale» en vez de está bien.

Y «vosotro»…

¡VOSOOOOTROS!

...Esa palabra que el cubano conocía perfectamente porque la había visto en los libros, pero que jamás pensó que tendría que utilizar en una conversación normal.

—¿Vosotros vais mañana?

¡¿VOSOTROS?!

--¡CABALLERO, AQUÍ SOMOS NOSOTROS!

...Pero hay algo todavía más curioso.

El cubano que lleva seis meses en España comienza a corregir a otros cubanos.

—No se dice computadora, se dice "ordenadó"

—¿Ah, sí?

—Sí.

—¿Y desde cuándo tú eres español?

—No soy español.

—Pues llevas hablando como uno desde que llegaste.

—Es que hay que adaptarse.

¡ADAPTARSE!

Y ahí está la verdadera magia del emigrante.

--Uno se va de su tierra y empieza a incorporar palabras, gestos, costumbres y sonidos del lugar donde vive.  Y eso no está mal. Al contrario. El idioma es un animal vivo.

Viaja contigo.

Se monta en el avión.

Cruza fronteras.

Se enamora.

Se mezcla.

Y después de seis meses…

¡TE CAMBIA HASTA LA BOCA!

...Pero hay algo que España no puede cambiar.

Porque puedes decir «vale», «tío», «curro», «móvil», «coche», «piso», «zumo», «vosotros» y hasta «mi arma»...

Pero cuando te encuentras con otro cubano por la calle y escuchas:

—¡ASERE, QUÉ BOLÁ!

--Se acabó España.

--Se acabó Madrid.

--Se acabó Barcelona.

--Se acabó Andalucía.

...¡POR CINCO MINUTOS VOLVIMOS A SER CUBANOS!

Porque el acento puede viajar.

El vocabulario puede cambiar.

Las palabras pueden disfrazarse.

Pero hay sonidos que nacieron con nosotros y se niegan a emigrar.

Y cuando un cubano escucha a otro cubano decir:

—Oye, ¿tú tienes un cigarrito?

No hace falta preguntar de dónde viene.

Uno lo sabe.

...¡ESE ACENTO TIENE PASAPORTE CUBANO!

Y así, entre «vale», «tío», «curro», «coche», «bocadillo» y «mi arma», el cubano descubre una verdad universal:

*UNO PUEDE IRSE DE CUBA…

PERO CUBA SE QUEDA HABLANDO DENTRO DE UNO.

...Aunque después de seis meses en España…

¡LA «S» EMPIECE A PEDIR UN PISO Y ASILO POLÍTICO! 😂

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