LA ODISEA: VIVIENDO A PASTILLAZOS

--Por Tío Bero

......Hay gente que vive de recuerdos, otros viven de ilusiones, algunos viven del cuento… y nosotros, cada vez más, vivimos a pastillazos.

La vida moderna se ha convertido en una especie de farmacia moderna con patas. Uno se levanta por la mañana y antes de preguntarse “¿cómo...  AMANECÍ otra vez?”, ya está pensando: “¿qué me toca hoy?”

Que si una pa' la presión, otra pa'l   colesterol, otra pa' dormir, otra pa' despertarse contento, otra pa'l estómago, otra pa' que el corazón funcione, otra pa' que no se pare, otra pa' que se dilaten las venas y estén suavecitas, otra pa' los calambres,    otra pa'l   dolor de cabeza que vino porque las otras cinco cayeron mal… y tres Mylantas pa' la acidez que todo lo de arriba nos dejó. 

Y así comienza la odisea.

Porque la pastilla que supuestamente arregla una cosa, puede joder otra. Entonces aparece una segunda pastilla pa' arreglar el efecto secundario de la primera. Y después una tercera para neutralizar la segunda.

¡Eso ya no es tratamiento!

¡Eso es un Talibanismo de una junta directiva farmacéutica viviendo dentro de uno!

Uno abre el botiquín y aquello parece una biblioteca: frascos grandes, frascos pequeños, pastillas redondas, ovaladas, blancas, rosadas, azules… y uno mirando aquello como quien contempla piezas arqueológicas tratando de recordar:

—¿Esta era pa' qué cosaaaa?

Y el frasco responde:

—Ni idea, pero tú la has estado tomando desde 2010.

Entonces viene el momento más peligroso: leer las instrucciones.

Uno comienza:

"Puede causar mareos, somnolencia, náuseas, dolor de cabeza, hemorroides categoría III, cansancio, sequedad de boca, insomnio…"

Y uno dice:

—¡Coño! ¿Pero esto me va a curar o me va a mandar pa'l  otro barrio?

Porque algunas pastillas tienen una lista de efectos secundarios tan larga que cuando uno termina de leerla ya se siente enfermo de enfermedades que ni sabía que tenía o que existían.

...Antes uno decía:

—Me duele la cabeza.

Ahora dice:

—Tengo cefalea.

Antes:

—Estoy nervioso.

Ahora:

—Tengo ansiedad y estrés post traumático de no sé qué trauma de mi niñez.

Antes:

—No duermo.

Ahora:

—Tengo trastorno conjuntivo dendrítico de los facilitadores y conductores del sueño.

Y para cada cosa aparece una pastilla.

La humanidad consiguió algo extraordinario: convertir prácticamente cualquier malestar cotidiano en una oportunidad pa' fabricar cinco medicamentos.

--Si estás triste, pastilla.

--Si estás alterado, pastillas.

--Si estás cansado, pastillas.

--Si no duermes, pastilla.

Si duermes demasiado, otra pastilla.

--Si comes mucho, tres pastillas.  

Si no comes, otras dos.

--Si te duele algo, métete otra pastilla.

--Y si no te duele nada… una tres veces al día pa' que no vaya a dolerte algo que no te haya dolido hasta hoy.

---Y si tu salud está perfecta...

...¡Cuidado, que ya aparecerá alguna pa' evitar cosas!

Pero tampoco podemos echarle toda la culpa a las pastillas. Muchas veces son necesarias, salvan vidas y ayudan a millones de personas a mantenerse ocupados contándolas o tratando de recordar sus nombres . El problema comienza cuando confundimos medicina con menú y empezamos a consumirlas como si fueran caramelos.

Porque una cosa es tomar lo que necesitas y otra es convertir la mesa de noche en una sucursal de farmacia.

Y ahí aparece el gran personaje de esta odisea:

EL PASTILLERO.

...Ese pequeño recipiente plástico, Made in China, --por supuesto, con compartimentos para lunes, martes, miércoles, jueves…

Uno lo mira y parece que está organizando las municiones pa' la Tercera Guerra Mundial.

—¿Qué tienes ahí?

—Las de la mañana.

—¿Y aquí?

—Las del mediodía.

—¿Y esas?

—Las de la noche.

—¿Y esa amarilla?

—No sé.

—¿Cómo que no sabes?

—Nooo, pero me la trago, no importa; ha de ser pa' alguna cosa. O pa' evitar algo que me falta por tener.

¡Esa es la confianza!!!!

Llegará el día en que uno no sabrá si está tomando medicamentos o jugando a la lotería:

"A ver qué sale hoy… ¡la azul!"

Y mientras tanto, la vida sigue.

Caminamos con nuestras recetas, nuestros frascos, nuestros horarios y nuestras pastillas cuidadosamente acomodadas, intentando mantener el cuerpo funcionando mientras el cuerpo, por su parte, parece decir:

“Mi hermano, yo también estoy cansao de esta administración, ehhhh.”

La verdadera odisea no es vivir muchos años.

La verdadera odisea es llegar a esos años recordando para qué era cada pastilla.

Porque uno empieza tomando tres 'preventivas'  pa' cuidarse la salud…

y termina necesitando una libreta pa'  recordar las otras.

Y entonces comprendemos que la vida moderna tiene una nueva filosofía:

No sabemos exactamente qué nos pasa, pero algo habrá en la farmacia pa' curar ese problemita.

Y si no lo hay…

mañana inventan la pastilla "Curaloquenotienes" en tabletas, suspensión oral, supositorios, o por vía intramuscular.

Mientras tanto, aquí seguimos:

Desayunando, trabajando, envejeciendo, olvidando, recordando, olvidando otra vez, empezando,  consultando al médico…

y sonriendo y diciendo que estamos bien cuando alguien nos saluda... --Cómo vas?        --Bien.

--Cómo estás?                    --Bieeeen!...

... Unas veces con café.

A veces con paciencia.

Y a veces con resignación y con un poco de humor pa' que la desgracia sea más placentera.

Y, por supuesto…

...A Pastillazo Limpio.

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