INTRUSISMO: EL GERENTE DE LA VIDA AJENA
--Por Tío Bero
......Hay una profesión que millones de personas ejercen gratuitamente, sin estudios, sin diploma y sin haber sido contratadas por nadie: gerente de la vida ajena.
-Nos encanta meternos en la vida de los demás.
Sabemos perfectamente qué debe hacer el vecino, qué no debe hacer la prima, cómo tiene que vestirse el amigo, con quién debe juntarse la hermana, qué debería decir el compañero, qué debería callarse, cómo tiene que criar a sus hijos, qué trabajo debería buscar, qué decisión debería tomar y hasta cuándo debería divorciarse.
...¡Somos unos fenómenos organizando el mundo de otros!
...Tenemos soluciones pa' ordenar la vida de todo el mundo.
...El único pequeño inconveniente es que, cuando alguien nos pregunta cómo va la nuestra, miramos para otro lado, nos hacemos los sordos y cambiamos de tema con una velocidad olímpica.
...Porque nuestra propia vida puede estar patas arriba.
...Tenemos problemas económicos, familiares, sentimentales, sexuales, hormonales, conyugales, laborales y existenciales; la casa parece haber sido atravesada por un huracán; llevamos tres meses sin resolver aquello que juramos arreglar "MAÑANA"; estamos llenos de contradicciones y tenemos un montón de decisiones pendientes...
¡Pero eso no importa!
¡Hay que ocuparse del vecino!
...Porque aparentemente es muchísimo más urgente determinar si el vecino debe cambiar de trabajo que descubrir por qué nosotros llevamos quince años haciendo algo que odiamos.
...Nos preocupamos por cómo habla la gente, mientras nosotros hablamos sin pensar.
--Criticamos las decisiones ajenas mientras seguimos tomando las mismas malas decisiones de siempre.
--Le explicamos a todo el mundo cómo debe comportarse, mientras nosotros tenemos una colección completa de comportamientos que necesitarían reparación, mantenimiento y quizás hasta garantía extendida.
...Y lo más curioso es que muchas veces ni siquiera nos piden consejo. ¡Lo regalamos!
...Es como si lleváramos una ferretería de opiniones:
—¿Necesitas una opinión?
—No.
—¡Perfecto! ¡Aquí tienes tres!
...Tenemos consejos para todos los gustos.
---"Yo en tu lugar..."
----"Lo que tú tienes que hacer..."
----"Si fuera yo..."
---"Eso está mal."
---"Eso no se hace así. No es ético."
---"Deberías pensar..."
---"Deberías hablar..."
---"Deberías dejarlo..."
---"Deberías buscarte otro..."
...¡Deberías, deberías, deberías!
--Nos pasamos la vida administrando los "deberías" de los demás y dejamos completamente abandonados nuestros propios "DEBERÍA".
--Yo debería dormir más.
--Yo debería organizar mi desastre.
--Yo debería dejar de preocuparme por lo que hace todo el mundo.
--Yo debería arreglar mis propios problemas y sacar las narices de los calzones ajenos.
...Pero esos "debería" no producen tanto entretenimiento.
...Es mucho más sabroso enfocarse en la vida ajena y comentar sobre los cuernos del vecino, que ir a un consejero pa' que nos enseñe a liberarnos de los nuestros.
...Y aquí viene la parte verdaderamente cómica:
...Nos creemos expertos en la vida de los demás porque estamos mirando desde afuera.
--Desde afuera todo parece sencillo.
--El matrimonio ajeno es fácil de arreglar.
--El problema económico ajeno tiene solución.
--La discusión ajena siempre tiene culpable.
--La decisión ajena tiene respuesta.
--El error ajeno es evidente.
...Pero cuando el problema entra por nuestra propia puerta, de repente aparece la complejidad.
--Entonces descubrimos que la vida no viene con manual de instrucciones.
...Y que nosotros tampoco somos tan inteligentes como creíamos cuando estábamos aconsejando al vecino.
...Quizás deberíamos dedicar un poquito menos de tiempo a dirigir la vida de los demás y un poquito más a hacerle mantenimiento a la nuestra.
...Porque mientras estamos pendientes de cómo habla el otro, se nos está olvidando aprender a escuchar.
--Mientras criticamos las decisiones ajenas, seguimos posponiendo las nuestras.
--Mientras examinamos los defectos del vecino con lupa, nuestros propios defectos están creciendo tranquilamente en el patio.
...Y mientras intentamos arreglarle la vida a todo el mundo... la nuestra sigue esperando al técnico de desastres humanos.
...Así que quizá hoy sería saludable hacer algo revolucionario:
-No opinar.
-No aconsejar.
-No corregir.
-No juzgar.
-No decirle a nadie cómo debe vivir.
-Simplemente sentarnos un rato con nosotros mismos y preguntar:
"¿Y yo QUÉ estoy haciendo con mi propia vida?" Porque puede que descubramos algo extraordinario:
--Que el verdadero proyecto que llevamos años abandonado...
somos nosotros mismos. Y eso sí que necesita atención. Aunque, claro...
--¡Siempre podemos dejarlo pa' mañana!...
...Porque, hoy tenemos que ocuparnos de la vida del vecino y su nueva concubina.
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