LAS CUATRO ESTACIONES DE LA VIDA
--Por Tío Bero
...La vida tiene una curiosa manera de enseñarnos que nada permanece igual. Llegamos al mundo sin saber absolutamente nada de nada; pasamos años creyendo que sabemos mucho, y terminamos descubriendo que, en realidad, lo verdaderamente importante siempre estuvo en las cosas más sencillas.
LA INFANCIA es el tiempo de descubrir.
--Un palo puede convertirse en espada, una caja de cartón en una casa, un charco en un océano y una sábana en una capa de superhéroe. El niño no necesita mucho pa' ser feliz porque todavía no ha aprendido a medir la felicidad en dinero, propiedades, seguidores, títulos ni cuentas bancarias.
--En la infancia uno se cae y se levanta.
--Llora cinco minutos y después vuelve a reír y a jugar. Y quizá ahí esté una de las grandes lecciones que vamos olvidando cuando crecemos.
-Después llega la JUVENTUD, esa etapa maravillosa en la que creemos que el mundo nos pertenece y que tenemos todo el tiempo del mundo para conquistarlo.
--Queremos correr, amar, volar alto, viajar, descubrir, equivocarnos, fracasar y triunfar. Tenemos sueños enormes y una energía que parece inagotable. También cometemos errores que no nos importan; porque la juventud suele venir acompañada de una peligrosa combinación: mucha ilusión y poca experiencia.
...Pero así es como se aprende: dando trastazos.
Nadie llega a la MADUREZ con un manual de instrucciones. La mayoría llegamos después de habernos equivocado unas cuantas, a veces muchas veces, por haber confiado en quien no debíamos, de haber perdido personas, oportunidades y hasta ilusiones que creíamos eternas.
...Y entonces aparece la MADUREZ.
--La vida empieza a hablarnos con otro idioma.
--Ya no nos interesa tanto demostrar quiénes somos. Nos interesa saber quiénes realmente somos.
--Comenzamos a comprender que NO todas las discusiones merecen nuestra energía, que NO todo el mundo merece nuestra confianza; y que algunas puertas, cuando se cierran, quizás no debamos intentar abrirlas nuevamente.
--La madurez nos enseña algo extraordinario: que la tranquilidad vale muchísimo más que tener la razón.
--También empezamos a mirar hacia atrás. Y descubrimos que muchas de las cosas que nos preocupaban enormemente hace veinte años hoy nos parecen pequeñas, casi ridículas.
-Pero todavía falta una estación:
LA VEJEZ... Y digo vejez porque así se llama, y no hay deshonra en eso; aunque algunos prefieran llamarla tercera edad, edad dorada o cualquier otro nombre políticamente más elegante. Pero la palabra no debería asustarnos.
--Porque envejecer no es fracasar.
--Envejecer es haber tenido la oportunidad de permanecer y haber sabido palear las adversidades.
--Cada arruga cuenta una historia. Cada cabello blanco es una pequeña bandera levantada por el tiempo.
--Y cada cicatriz recuerda una batalla que, de alguna manera, logramos sobrevivir.
...La vejez también cambia nuestras prioridades.
--Uno empieza a entender que una conversación tranquila puede valer más que una fiesta multitudinaria. --Que un café compartido puede ser más importante que un restaurante caro.
--Que tener cerca a dos personas sinceras puede ser infinitamente mejor que tener dos mil conocidos sin saber sus nombres.
...Y quizás entonces comprendemos finalmente algo que durante toda la vida estuvo frente a nuestros ojos:
--Que LA VIDA no se mide por los años que tenemos, sino por lo que hicimos con ellos.
*La INFANCIA nos enseña a soñar.
*La JUVENTUD nos enseña a atrevernos a vivir y tomar riesgos.
*La MADUREZ nos enseña a comprender que todo es así, 'porque ya estaba escrito de esa forma'.
*Y la VEJEZ, si hemos sabido vivir, nos enseña a estar en paz con nosotros mismos, a agradecerlo todo, y a dar gracias al infinito por todo lo que nos ha dado de su bonded y por su grandeza.
...Lo curioso es que pasamos buena parte de nuestra existencia deseando llegar a la siguiente etapa.
*El NIÑO quiere ser joven.
*El JOVEN quiere ser adulto.
*El ADULTO quiere tener fama, dinero y estabilidad.
*Y cuando finalmente llega la edad en que uno comienza a comprender verdaderamente la vida, mira hacia atrás y descubre que aquellos años que quería dejar atrás eran precisamente los que hoy quisiera volver a abrazar.
...Por eso quizá deberíamos aprender a vivir cada etapa dignamente mientras estamos dentro de ella.
--No esperar a ser viejos para valorar la juventud y la niñez.
--No esperar a perder a alguien para decirle que lo queremos.
--No esperar a enfermarnos para agradecer la salud.
--No esperar a estar solos para apreciar la compañía de alguien.
...Y, sobre todo, no esperar a que el calendario nos explique lo que el corazón ya sabía desde mucho, mucho antes.
...Porque la vida es eso:
--una infancia que corre,
--una juventud que vuela,
--una madurez que reflexiona --y una vejez que recuerda.
CUATRO ESTACIONES HERMOSAS!
...Un solo viaje.
--Y aunque nadie puede detener el tiempo, todavía podemos decidir qué hacemos con el pedacito de eternidad que nos tocó vivir.
...Así que, tíos, tías, vivamos todas la etapas. Pero vivámoslas de verdad.
--Porque algún día, cuando miremos hacia atrás, no podremos volver a cambiar un solo renglón, ni ninguna página.
--Solamente podremos sonreír y decir:
“CARAAAAMBA... peeero qué rápido pasó todo!!!”
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