67 AÑOS PIDIENDO MÁS TIEMPO
---Por Tío Bero.
......El libreto no cambia.
Pasan los años, cambian los discursos, aparecen nuevas consignas, nuevos planes, nuevas "estrategias", nuevas "medidas"... y el resultado sigue siendo el mismo.
Ahora vuelven a decir que vienen reformas, que esta vez sí, que ahora sí entendieron el problema, que implementarán cambios urgentes y necesarios.
¿De verdad?
Después de 67 años, descubrir que hay que soltar los presos políticos, producir alimentos, generar electricidad, atraer inversiones, respetar la iniciativa privada y administrar mejor un país... no parece precisamente una revelación histórica.
El problema no es anunciar medidas.
El problema es que ""anunciar no significa hacer""
Si durante casi siete décadas el país llegó a la situación actual, resulta difícil convencer a cualquiera de que ahora, de repente, todo cambiará por arte de magia.
Los dinosaurios siguen aferrados al pastel.
Y cuando alguien lleva décadas sin querer soltar el poder, cuesta creer que un discurso nuevo signifique una intención nueva.
Mientras tanto, el reloj sigue corriendo.
Hoy se promete reorganización.
Mañana se hablará de ajustes.
Después vendrá otro plan.
Más tarde aparecerá otra comisión.
Luego otro congreso.
Y finalmente la explicación de siempre:
—"Necesitamos más tiempito."
Tiempo...
Siempre más tiempo.
Porque el tiempo parece ser el único recurso que nunca escasea cuando se trata de justificar lo injustificable.
Y cuando cambie el panorama internacional o llegue un nuevo gobierno en Washington, probablemente volveremos a escuchar el viejo repertorio:
"Ahora sí."
"Esta vez será diferente."
"Estamos implementando."
"Estamos perfeccionando."
"Estamos actualizando."
Un diccionario entero de verbos... para evitar el único que importa:
""Cambiar de verdad""
Por eso muchos observadores sostienen que las promesas deben juzgarse por los resultados y no por los discursos.
Los países toman decisiones según sus propios intereses y evaluaciones. Si otros gobiernos consideran que las reformas son creíbles o no, esa será una decisión basada en los hechos que observen, no únicamente en las declaraciones.
Porque, al final, los discursos duran unos minutos.
Los resultados duran generaciones.
Y después de 67 años...
Hay quien piensa que ya no hacen falta más promesas.
Hace falta demostrar.
.......
""CON LOS DINOSAURIOS NO HAY ROMANCE""
...Hay gente y presidentes quienes todavía creen que todo puede resolverse con otra ronda de conversaciones bonitas, otra mesa de diálogo sincero, otra declaración conjunta y otra colección de promesas envueltas en papelito de regalo.
Llevan décadas apostando por el mismo libreto.
Más reuniones.
Más comunicados.
Más "nuevos comienzos".
Más paciencia.
Y, mientras tanto, el reloj sigue avanzando.
Cuando un gobierno lleva tantos años prometiendo cambios que nunca llegan, es lógico que muchos terminen preguntándose si el problema es la falta de tiempo... o la falta de voluntad.
Las conversaciones tienen sentido cuando ambas partes están dispuestas a ceder, rectificar y cumplir lo acordado.
Pero cuando una de las partes no demuestra con hechos que quiere cambiar, las palabras empiezan a perder valor.
No basta con anunciar reformas.
No basta con crear nuevas comisiones.
No basta con repetir que "ahora sí".
Los hechos pesan mucho más que los discursos.
Por eso, quienes defienden una postura más firme sostienen que la comunidad internacional debería evaluar cualquier promesa por sus resultados concretos y mantener la presión diplomática, económica o política que considere apropiada hasta ver cambios verificables.
Los cuentos románticos funcionan muy bien en las novelas.
La política internacional suele exigir algo más que buenas intenciones.
Y los cubanos, después de tantos años escuchando el mismo discurso barato, tienen derecho a preguntar:
¿Qué han hecho, Dónde están los resultados?
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