UN MUNDITO MODERNO Y SUPERFICIAL

--Por Tío Bero.

......La fiebre de la euforia, el protagonismo y los cinco minutos de fama

...Vivimos en un mundito extraño. Un lugar donde algunos ya no preguntan "¿qué sabes?", sino "¿cuántos seguidores tienes?". Donde la profundidad perdió terreno frente a la apariencia y donde una foto de un almuerzo recibe más atención que una biblioteca llena de conocimiento.

La nueva moneda no es el dólar ni el euro. Es la atención.

Hay personas que desayunan protagonismo, almuerzan selfies y cenan validación ajena. Si una publicación no recibe suficientes "me gusta", sienten que el universo entero conspiró contra ellas. Si reciben cien corazones digitales, creen haber alcanzado la iluminación espiritual.

Los antiguos filósofos buscaban respuestas sobre el sentido de la existencia. Los modernos buscan el mejor ángulo para una foto frente al espejo.

Y así marcha este carnaval electrónico.

La euforia se ha convertido en una necesidad diaria. Ahora todo tiene que ser grande, fantasioso, emocionante, espectacular, rimbombante, explosivo y  viral. Nadie quiere escuchar una historia normal. Hay que exagerarlo todo.

— "Fui a comprar pan a la bodega".

Eso ya no sirve.

Ahora debe decirse:

— "¡Sobreviví a una épica travesía para conseguir el último pan de la galaxia!"

Y si se puede grabar un video llorando mientras se cuenta la historia, mejor todavía.

Los cinco minutos de fama se han vuelto una religión universal. Algunos harían cualquier cosa por aparecer unos segundos en una pantalla. Bailan, gritan, inventan escándalos, pelean con desconocidos o se disfrazan de plátano radioactivo con tal de que alguien los mire.

Lo curioso es que la fama instantánea dura menos que una croqueta en una reunión familiar.

Hoy eres tendencia.

Mañana nadie recuerda tu nombre.

Pasado mañana te sustituyen tres gatos bailarines, un loro filósofo y un perro que toca piano.

Mientras tanto, la gente verdaderamente valiosa sigue trabajando en silencio. Científicos investigando, maestros enseñando, médicos salvando vidas, agricultores sembrando alimentos. Personas que rara vez aparecen en las portadas porque la cosa normal y la sensatez no genera suficientes clics.

La superficialidad tiene una característica peligrosa: hace mucho ruido y produce muy poco contenido.

--Se habla mucho.

Se piensa poco.

--Se publica mucho.

Se reflexiona poco.

--Se aparenta mucho.

Se vive poco.

...Y sin embargo, la realidad siempre termina pasando factura. Porque llega un momento en que el maquillaje digital no puede ocultar el vacío interior. Los aplausos virtuales se apagan, las tendencias cambian y los reflectores buscan otra víctima para entretener al público.

Entonces algunos descubren algo que las generaciones anteriores ya sabían:

La verdadera satisfacción no viene de ser visto por millones.

Viene de tener propósito.

--No nace de acumular seguidores.

--Nace de acumular experiencias.

--No consiste en parecer importante.

--Consiste en ser útil.

...Pero claro, esas cosas no suelen hacerse virales.

Y en este mundito superficial, donde muchos corren desesperados detrás de la próxima dosis de euforia y de sus cinco minutos de fama, la autenticidad sigue siendo una especie rara, casi en peligro de extinción.

Aunque todavía existe.

Y cuando aparece, brilla mucho más que cualquier tendencia pasajera.

Porque la espuma impresiona.

Pero es el agua profunda la que da vida y sostiene los océanos.

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