CUBA ESTÁ COLAPSANDO
--Por Tío Bero.
......Lo mejor que ha podido pasar en 67 años de indolencia de un régimen que llamaron "Revolución"
...Suena duro. Suena cruel. Suena hasta antipatriótico para algunos. Pero hay momentos en la historia en que el derrumbe de una mentira termina siendo una bendición.
Y Cuba está llegando exactamente a ese punto.
Durante 67 años nos dijeron que todo marchaba bien. Que el sacrificio era necesario. Que la culpa era del enemigo. Que había que resistir. Que venía un futuro brillante. Que ahora sí. Que mañana. Que después del próximo congreso. Que después de la próxima zafra. Que después del próximo plan.
Y así fueron pasando las décadas.
Primero desapareció la prosperidad.
Después desapareció la libertad.
Más tarde desaparecieron los alimentos.
Luego desapareció la electricidad.
Más tarde desapareció el transporte.
Después desapareció la esperanza.
Y finalmente comenzaron a desaparecer los cubanos.
Porque cuando un país pierde a millones de sus hijos, algo más profundo que la economía está colapsando.
Lo curioso es que los arquitectos del desastre siguen hablando como si estuvieran inaugurando el paraíso.
Mientras los techos se caen, ellos inauguran comisiones.
Mientras los hospitales se derrumban, ellos inauguran reuniones.
Mientras el pueblo hace colas, ellos hacen congresos.
Mientras la isla se vacía, ellos llenan auditorios de consignas.
Son como músicos del Titanic revolucionario tocando la misma canción mientras el barco ya tiene el agua por la cintura.
Lo extraordinario es que el colapso está haciendo algo que décadas de propaganda no pudieron impedir:
Está destruyendo la ilusión.
Ya nadie cree en los discursos.
Ya nadie cree en los planes.
Ya nadie cree en las estadísticas milagrosas.
Ya nadie cree que el limón resuelve la agricultura, ni que una reunión de cuadros resuelve un apagón.
La realidad terminó derrotando a la fantasía.
Y cuando una mentira vive demasiado tiempo, el derrumbe resulta espectacular.
Las termoeléctricas parecen piezas de museo.
Las carreteras parecen escenarios de guerra.
Los salarios parecen chistes.
Los mercados parecen vitrinas vacías.
Y las promesas parecen fósiles políticos.
Por eso algunos piensan que el colapso no es el final de Cuba.
Es el final de una ficción.
Porque Cuba no es un comité.
No es un partido.
No es una consigna.
No es una reunión interminable.
Cuba es su gente.
Y esa gente ha sobrevivido a huracanes, apagones, crisis, inventos económicos, monedas dobles, monedas triples, ordenamientos, reordenamientos y desordenamientos.
Si algo ha demostrado el cubano es que tiene más vidas que un gato revolucionario.
Quizás por eso este colapso, lejos de ser la peor noticia, termine siendo la mejor.
Porque las estructuras que no sirven terminan cayendo.
Porque las mentiras que envejecen terminan agrietándose.
Porque los sistemas que viven de la propaganda terminan asfixiados por la realidad.
Y porque ningún pueblo puede permanecer eternamente atrapado en un experimento que dejó de funcionar hace medio siglo.
Mientras tanto, desde algún despacho climatizado, algún funcionario seguramente sigue redactando otro informe triunfalista.
Quizás diga que vamos avanzando.
Quizás diga que se observan resultados positivos.
Quizás diga que existen perspectivas alentadoras.
Y quizás, al terminar de escribirlo, se vaya para su casa en un carro con combustible, luz eléctrica y aire acondicionado.
Porque en Cuba, lo único que nunca ha colapsado es la capacidad del poder para fingir que todo marcha perfectamente.
Pero la realidad tiene una mala costumbre:
Siempre acaba pasando la cuenta.
Y parece que el cobrador ya llegó a la puerta.
—Tío Bero 😏🇨🇺
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