CAMBIAR LO QUE HAYA QUE CAMBIAR... ¡67 AÑOS DESPUÉS!
--Por Tío Bero
......Aparece Donald Trump. Aparece Marco Rubio.
Y de pronto, como si hubiera recibido una descarga eléctrica desde el más allá de la lógica, aparece Díaz-Canel proclamando:
—"La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios."
—"Tenemos que cambiar lo que haya que cambiar para salir de la crisis."
—"Tenemos que producir y crear riquezas para distribuir con justicia social."
¡Oñññó!
Después de 67 años de experimentos, consignas, reuniones, congresos, mentiras, más mentiras, plenos, subplenos, reuniones para preparar reuniones y discursos para explicar por qué no funcionó el discurso anterior... resulta que ahora los súper cerebritos del siglo descubrieron que hay que producir riqueza.
Es como si un capitán, después de hundir el barco siete veces, anunciara:
—"Compañeros, hemos detectado cierta humedad en la cubierta."
La noticia sorprendió a los cubanos dentro y fuera de la isla.
Porque durante décadas producir riqueza era sospechoso.
Invertir era peligroso.
Tener éxito era casi una actividad contrarrevolucionaria.
Y ahora resulta que Cuba está abierta a inversionistas, empresarios, cubanos emigrados, extranjeros y hasta al vecino que tenga dos pesos para poner una cafetería.
De repente, los mismos que cerraron puertas están vendiendo llaves.
Los mismos que espantaron inversionistas están repartiendo folletos turísticos.
Los mismos que perseguían al que prosperaba ahora organizan seminarios sobre prosperidad.
Pero hay un pequeño problema.
El mundo tiene memoria.
Y los inversionistas también.
Porque una cosa es vender un proyecto.
Y otra muy distinta es vender confianza.
Durante décadas prometieron reformas.
Prometieron eficiencia.
Prometieron producción.
Prometieron café.
Prometieron leche.
Prometieron carne.
Prometieron electricidad.
Prometieron transporte.
Prometieron viviendas.
Prometieron prosperidad.
Y al final terminaron prometiendo que la próxima promesa sí era la buena.
Por eso ahora Trump, Rubio y medio planeta observan el espectáculo con cara de quien escucha a un vendedor de autos usados ofrecer un vehículo sin motor, sin ruedas y sin frenos.
La pregunta ya no es qué van a prometer.
La pregunta es quién les cree.
Porque las crisis no aparecen por accidente.
Las crisis son la factura acumulada de miles de malas decisiones.
Y cuando la factura llega después de siete décadas, ya no se paga con discursos.
Se paga con cambios reales.
Cambios de verdad.
Cambios que funcionen.
No cambios cosméticos para impresionar visitantes.
No cambios de micrófono.
No cambios de consigna.
No cambios de eslogan.
La realidad ya emitió su veredicto.
Y la realidad, a diferencia de los discursos, nunca miente.
Es tiempo de cambios.
Y cuando una maquinaria lleva décadas sin funcionar, el problema no suele ser la pintura exterior.
El problema suele estar en el motor.
Y eso lo sabe Cuba.
Lo sabe el exilio.
Y lo sabe el mundo entero.
Tío Bero concluye:
Si después de 67 años alguien descubre que hay que producir riqueza, invertir y dejar trabajar a la gente... no estamos ante una revelación histórica.
Estamos ante una confesión tardía. Y las confesiones tardías rara vez logran borrar siete décadas de resultados.
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