TRUMP, MARCO Y EL PROBLEMA FILOSÓFICO DEL CHARCO

--Por Tío Bero

......En los pasillos de Washington se ha desatado una crisis filosófica de proporciones históricas. No es sobre Platón, Aristóteles, sobre el Hueco de Ozono, ni el sentido de la existencia de las cucarachas. No. El dilema es mucho más complicado:

¿Qué hacer con el charco cubano?

Por un lado aparece Donald Trump, calculadora en mano.

—¿Cuánto produce?

—¿Cuánto cuesta?

—¿Cuánto deja?

—¿Dónde se firma?

Trump mira el asunto como quien inspecciona un hotel viejo.

—Si el techo se cae, se cambia el techo.

—Si las tuberías explotan, se cambian las tuberías.

—Pero no me hablen de filosofía ni de política.

Del otro lado está Marco Rubio, observando el panorama con cara de veterano de guerra tropical.

—Donald, el problema no es el techo.

—El problema es que el edificio está construido sobre 67 años de chapucería revolucionaria.

Trump vuelve a sacar la calculadora.

—¿Y cuánto cuesta arreglarlo?

Marco suspira.

—No es cuestión de dinero. Es cuestión de paleontología.

Entonces despliega un mapa del Caribe donde aparecen dibujados varios dinosaurios políticos fumando tabaco, tomando café, dando discursos y culpando al imperialismo por la lluvia, el calor, los mosquitos y los apagones.

—Mientras esos saurios sigan ahí, el problema seguirá ahí.

Trump mira el dibujo.

—¿Y no se puede hacer negocio con los dinosaurios?

—Se puede —responde Marco—, pero después te venden el mismo hotel tres veces, te cobran la electricidad que no existe y te inauguran una fábrica que lleva veinte años sin producir un tornillo.

Trump queda pensativo.

—Eso sí complica las inversiones.

La discusión sube de tono.

Unos asesores proponen una solución intermedia:

—¿Y si dejamos a los dinosaurios pero los declaramos especie protegida?

—Imposible —dice Marco—. Se reproducen en los congresos del partido.

Otros sugieren:

—¿Y si los mandamus pa'l Bosque de La Habana o los trasladamos a un parque jurásico ideológico?

—Tampoco —responde otro experto—. Se escaparían para inaugurar otra comisión de estudio sobre la producción de boniatos.

La reunión entra entonces en terreno metafísico.

Trump formula la pregunta del siglo:

—¿Es posible cambiar los resultados sin cambiar a los responsables?

Los asesores se quedan congelados.

Marco sonríe.

—Acabas de descubrir el principal misterio filosófico del Caribe.

Se hace un silencio sepulcral.

Los dinosaurios del charco, desde la distancia, anuncian otro pleno extraordinario para analizar las causas de los problemas causados por quienes analizan las causas de los problemas.

Y así continúa el debate.

Trump buscando negocios.

Marco buscando extinguir fósiles políticos.

Y los dinosaurios buscando una nueva reunión pa' decidir cuándo convocar la próxima reunión a ver si pueden quedarse 50 Amos más jodiendo en el fanguero.

Porque en el charco revolucionario "Todo Cambia...

Para Que Nada Cambie".

Y ese, precisamente, es el gran  problema filosófico. 🦕☕🤣

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