CRÓNICAS DEL SUSTO NACIONAL. EL GLAMUR SE FUE POR EL MOSQUITO
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--Por Tío Bero, (que hoy se levantó caneloso)
......En algún momento —no muy lejano, pero sí muy maquillado y ojeroso— existió un personaje que caminaba con cierto aire de revista, como si fuera portada reciclada de una edición tropical de “Poder y Elegancia”. Traje planchado, discurso ensayado, sonrisa de catálogo. Ese personaje responde al nombre de Miguel Díaz-Canel.
Pero claro… una cosa es el show, y otra muy distinta cuando se apagan las luces.
Porque el problema del brillo es que no resiste el sudor del susto.
Ahí es donde comienza el verdadero espectáculo.
Cuando todo va bien —o cuando se finge bien— hay glamur, hay pose, hay guapería de micrófono y de calle. Se habla duro, se mira fijo, se repite el libreto como si fuera poesía revolucionaria de memoria corta. Pero cuando la realidad entra sin pedir permiso, cuando la gente aprieta, cuando el murmullo crece y el miedo cambia de acera… ahí, mi hermano, ahí se cae el 'looking good' el caché y el telón.
Y lo que queda no es un líder.
Es un actor perdido, sin papel y sin libreto.
El rostro firme se vuelve pestañeo y gesto nervioso. La voz segura se convierte en eco tembloroso. Y la guapería… Aaay, la guaperíiia... esa se evapora más rápido que café en apagón. Esa guapería de estudio se convierte en ojitos opacos y vidriosos, discursito inseguro con balanceos arrítmicos de derecha a izquierda, de lado a lado del podium, como esquivando una realidad que ya ve venir…
...Porque hay algo que ningún sistema puede controlar: ""El Momento En Que El Susto Te Mira De Frente"".
...Y cuando eso pasa, no hay consigna que salve, calzoncillo que no tiemble, ni frase épica que aguante. Lo que aparece entonces, es el ser humano incoloro, crudo, sin brillo, sin filtro, sin propaganda… y muchas veces, sin respuestas.
Entonces llega el llanto. No siempre visible, pero sí evidente. Un llanto político, un llanto institucional, un llanto que no se llora con lágrimas sino con silencios, con evasivas, con suspiros, con discursos que no dicen nada mientras lo expresan todo.
Y después… el fenómeno más interesante de todos:
El “apendejamiento”. Ese estado extraño donde ya no hay carita sexy, ni echadera pa'lante, ni brillo, ni glamur, ni guapería... Solo queda una mezcla de desconcierto y repetición automática. Como un cassette viejo que se traba justo en la parte donde debía decir la verdad.
Y así, lo que un día fue imagen pulcra, rosadita, afeitada y cuidadosamente construida, termina siendo caricatura ojerosa, asustada, involuntaria...
Porque el poder puede fabricar escenarios… pero no puede fabricar valentía.
Y al final, la historia —esa que no se edita— siempre termina captando el momento exacto en que ""LA GUAPERÍA SE QUEDÓ SIN GUAPERÍA"" y ""EL PERSONAJE SE QUEDÓ SIN PERSONAJE""...
Sin luces. Sin guion.
Y sin ese “brillo” que nunca fue tan brillo ni tan suyo… sino un brillo temporal y un guion meramente prestadito.
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