LOS TAMALES MEJICAJOS
""DORYTA DESCUBRE LOS TAMALES MEJICANOS Y EL CHAMPURRADO""
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... Mamá Doryta, que nació entre cafetales y olor a leña en el campo cubano, siempre juró que después de la harina de maíz criolla no existía nada más en este planeta digno de respeto.
—“El tamal es cubano y punto. Lo demás son inventos.”
...Hasta que un día, en pleno invierno neoyorquino, con el frío metiéndosele por las medias pa' arriba, la invitaron a una fiesta mexicana en la Ruidosa Roosevelt Avenue.
...Ahí fue donde conoció oficialmente el folclor de México… pero en versión "Tren 7 Comestible".
...Le pusieron delante un tamal envuelto en hoja de maíz, bien amarradito, gordito y chaparrito, estilo mejicano y elegante. Mamá Doryta lo miró con sospecha, como quien inspecciona un yerno nuevo.
—“¿Y esto por qué está vestido así?”
...Lo abrió con cuidado. Vaporcito caliente. Masa suave, picantosito. Relleno jugoso. Un olor que parecía fiesta patronal.
...Probó.
...Se quedó callada.
... Y cuando Mamá Doryta se queda callada… es que algo grande está pasándole.
—“Oye… esto no está malo.”
...Traducción dorytiana: esto está buenísimo pero no voy a admitirlo tan rápido.
...Le explicaron que los hay de pollo, de puerco, de rajas con queso, dulces… Ella fruncía el ceño mientras repetía:
—“Ajá… interesante… interesante…”
...Pero ya iba por el tercero.
...Y entonces llegó el golpe final: el champurrado.
...Un jarro humeante, espeso, chocolatoso, con canela y maíz abrazándose en armonía térmica. Ella, que es fanática del café negro fuerte como regaño de abuela, lo miró con desconfianza.
—“¿Eso es chocolate o es sopa?”
...Le dieron el primer sorbo.
...Silencio otra vez.
...Se le suavizaron los hombros. Se le empañaron los espejuelos. Se acomodó en la silla.
—“Esto… esto es como si el chocolate se casara con la natilla y tuvieran un hijo bueno.”
... Y ahí mismo decretó:
—“Bueno, los mejicanos saben lo que hacen. No todo va a ser picante insoportable
y mariachi.”
...A los veinte minutos estaba preguntando la receta. A la hora ya decía:
—“En Cuba hacíamos algo parecido, pero no tan tan…”
...Mentira. Pero así funciona el orgullo caribeño: primero resiste, después adapta, y finalmente reclama parentesco.
Esa noche Mamá Doryta salió convencida de dos cosas:
--El mundo es más grande que el tamal oriental.
--El champurrado en invierno cura nostalgias y traumas de la infancia mejor que cualquier bufanda.
... Desde entonces, cada vez que hace frío, ya no dice:
—“Haz café.”
Ahora dice:
—“Oye… ¿y si hacemos un champurradito espeso como el de los mejicanos?”
...Y así fue como Mamá Doryta, defensora oficial del maíz cubano, firmó un tratado culinario y gastronómico internacional sin discursos ni banderas… solo con una servilleta manchada de masa y un bigotico de chocolate.
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