EN TERAPIA
""MAMÁ DORYTA EN TERAPIA DE GRUPO… CON UNA PARRILLADA ARGENTINA""
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--Por Tío Bero, (estudiando el trauma de la Mamá Doryta)
...... Después del incidente del “rabo de vaca encendío”, la familia decidió que aquello no era trauma… era tesis doctoral en psicología gastronómica.
La inscribieron en terapia alternativa en un centro comunitario de Nueva York.
El nombre del programa: “Sanación a través del Asado”.
...El primer día Mamá Doryta entra confiada, con su café en mano y cara de “yo estoy curada”.
Abren la puerta…
Y aquello parecía una embajada no oficial de Argentina.
--Una mesa laaaarga, larguísima.
--Carbón encendido.
--Chorizotes rojizos alineados como soldados.
--Y en el centro… el espectáculo mayor: una parrillada completa que parecía desfile militar bovino.
El terapeuta, un señor con bigote impecable, voz pausada y acento argentino se presenta:
—“Buenas tardes, soy el doctor Aníbal. Hoy vamos a reconciliarnos con la vaca.”
...Mamá Doryta sudó frío.
Cuando vio el cartel que decía “Terapia Grupal – Frente al Asador”, casi llama a emergencias.
Aquello no era terapia.
Aquello era confrontación directa con el pasado... con el infierno, no sé.
...El doctor empezó suave:
—“Respira hooondo. La vaca no es tu enemiga. El enemigo fue el ají picante del rabo.”
...Pero entonces destaparon la parrilla.
Salió el humo…
El olor…
El chisporroteo del asado.
Y Mamá Doryta tuvo una visión: el rabo encendío reapareció en cámara lenta, como escena dramática digna de película de sobremesa en La Habana.
Se agarró el pecho.
—“¡Yo no vine aquí a reconciliarme con nadie que tenga pezuñas!”
Los otros pacientes compartían traumas menores:
—Uno le tenía miedo al chicharrón.
—Otra no podía ver una morcilla sin recordar una cita fallida que la dejó en trauma categoría 3.
...Pero lo de Mamá Doryta era nivel épico.
El doctor intentó exposición gradual:
--Primero una foto de una vaca pastando feliz.
--Después un dibujo animado.
--Después… un pedacito pequeño de carne, sin picante.
--Ella lo miró.
Lo olió.
Lo tocó con el tenedor como si estuviera desactivando una bomba.
Silencio total.
--Se lo puso en la vaca, (perdóoon) ...en la boca
--Mordió.
Nada pasó.
No hubo fuego interno.
No hubo sudor existencial.
No hubo estrellas celestiales.
...Mamá Doryta abrió los ojos… sorprendida.
—“¿Y el ají?”
—“Aquí no hay ají. Aquí hay equilibrio,” respondió el doctor.
Y así, poco a poco, entre humo, carbón, argentino y orgullo herido, Mamá Doryta entendió la verdad universal:
""No fue la vaca.
Fue el exceso.
Fue la fanfarronería.
Fue decir “yo aguanto” cuando el cuerpo gritaba “no inventes”, Mamá Doryta, que tú no estás preparada pa' eso! eh?
...Hoy Mamá Doryta está mejor.
Puede pasar por una carnicería sin persignarse.
Puede ver documentales de campo sin llamar al 911.
Eso sí…
Si alguien menciona “encendío”, ella se levanta despacio y dice:
—“Oyeee, NOO... Candela noooo!... Con La Candela Noooo--Seee-- Juega!!!”
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