LA MISERIA NO ES UN DESTINO (NI LA LIMOSNA UN SISTEMA)

--Por Tío Bero

.......Hay ideas y expresiones  que deberían estar pintadas en cada pared, en cada libreta de racionamiento, en cada discurso oficial y, sobre todo, en cada conciencia dormida:

"la miseria no es un destino"

...Pero durante siete décadas nos han querido vender la idea contraria. Como si nacer pobre fuera una especie de designio divino, un capricho del universo, o peor aún, una “etapa necesaria” en nombre de futuros brillantes que nunca llegan. Nos han enseñado a resistir, a aguantar, a sobrevivir… pero nunca a vivir.

...Y ahí es donde entra el otro engaño:

"la limosna no es un sistema"

...No lo es, aunque la disfracen de ayuda, de subsidio, de “protección social”, de “conquista revolucionaria” o de lo que esté de moda en el discurso del día. La limosna es un parche. Es una curita sobre una herida infectada que ellos mismos provocaron. Es la manera más elegante de mantener a un pueblo dependiendo… y agradecido por lo poco, por nada y por la falta de todo.

Porque claro, cuando te quitan todo, cualquier migaja parece un banquete.

--Te quitan la libertad de producir… y luego te “ayudan” con un jabón y una lata con tres sardinitas.

--Te destruyen la economía… y después te reparten lo que no alcanza.

--Te tapan los ojos, te cortan las alas, te apagan el futuro… y luego te piden paciencia; y te prometen que uno mejor, hermoso y cercano ya viene llegando. 

Y así, entre apagones, colas y promesas ridículas, intentan normalizar lo que nunca debió ser normal.

...Pero no, señores...

--No es normal vivir en escasez constante.

--No es normal agradecer lo mínimo.

--No es normal que un pueblo entero tenga que inventar cada día cómo sobrevivir.

--Y no es normal vivir pensando que "eso es así" y "qué vamos a hacer?"

La miseria no cae del cielo. No nos la mandó ningún dios.

La miseria se fabrica. Se administra. Se organiza... y la normalizamos.

Y lo más peligroso no es la pobreza en sí, sino cuando te convencen de que no hay alternativa. Cuando te repiten tanto que “no se puede”, que terminas creyéndolo. Cuando te acostumbran a la falta, al punto de defenderla.

...Ahí es cuando la limosna deja de ser una ayuda y se convierte en un mecanismo de control.

...Porque,

--un pueblo que depende… no exige.

--Un pueblo que sobrevive… no cuestiona.

--Y un pueblo cansado… no se levanta.

Pero la historia —esa que no cabe en discursos oficiales— ha demostrado lo contrario:

los pueblos no están condenados a la miseria, solo están atrapados en sistemas que la necesitan para existir.

...Y cuando ese pueblo entiende que no nació para pedir, sino para construir…

--cuando deja de agradecer migajas y empieza a exigir dignidad…

--cuando descubre que la pobreza no es natural, sino impuesta…

...entonces ese día, se rompe el hechizo y cambia la historia.

Porque la verdad es simple, aunque la escondan:

""Nadie Está Destinado A Vivir De Rodillas… Ni A Sobrevivir De Limosnas""

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