EL GRAN ESPECTÁCULO DEL PAPELITO TEMBLOROSO

--Por Tío Bero, (crónica dramática de Canel desde la Isla oscura)


.....En una isla que va de apagón en apagón —de punta a punta, del oriente hasta Pinar del Río— aparece en la pantalla el hombre del momento: Miguel Díaz-Canel.

No aparece caminando, no.

Aparece balanceándose.

De derecha a izquierda.

De izquierda a derecha.

Como si estuviera probando si el piso aguanta… o si el país todavía sigue debajo de sus pies.

...Frente a él hay un objeto sagrado del sistema: el papelito coyuntural.

Porque nuestro protagonista tiene una habilidad extraordinaria:

no puede decir ni “buenos días, señorita” si no lo tiene escrito delante.

Lee.

Se detiene. Echa pa'lante. Un poquito atrás... Vuelve a leer.

Levanta la vista con expresión de “¿ya dije esto, lo repito?”… y vuelve al papel.

La voz… temblorosa. Los ojos perdidos y oscuros por no dormir por un par de meses. 

El tono… nervioso.

El balanceo… permanente.

Mientras tanto, la isla sigue oscura como boca de lobo apagao.

Pero según el papelito… todo va mejorando.

Primera revelación del documento sagrado:

“Estamos protegiendo al trabajador.”

Nadie sabe exactamente de qué.

Tal vez del salario.

Tal vez del pan.

Tal vez de la electricidad.

Porque lo cierto es que las panaderías se han convertido en hornos de carbón y los apagones iluminan el país… con su ausencia.

Pero el papel dice otra cosa.

Y el papel nunca se equivoca.

Luego llega la parte científica del discurso:

“Se está sobrecumpliendo la producción de petróleo.”

Esto es admirable.

Un país donde no hay luz,

pero al mismo tiempo sobra petróleo.

Es como tener una piscina llena de cerveza…

y morir de sed al lado.

Pero el papel insiste.

Y el lector del papel confía profundamente en el papel.

Después viene la profecía energética:

“En los próximos días la corriente va a mejorar.”

Esa frase ya tiene más años que algunos edificios de La Habana.

Se pronuncia cada vez que el país entra en apagón…

y reaparece cada vez que el apagón se queda.

Es un clásico.

Como el danzón.

Pero eléctrico.

El lector del papel hace una pausa.

Se balancea.

Respira.

Y anuncia lo inevitable:

“En el futuro… todo estará mejor.”

No en el presente.

Ni mañana.

En el futuro del futuro.

Un lugar misterioso donde:

--hay electricidad

--hay pan

--hay transporte

......y las promesas finalmente se jubilan.

Luego el discurso entra en su fase filosófica.

El líder explica que ahora:

“Hay que evaluar lo que entra, lo que sale y dónde se pone.”

Una teoría económica revolucionaria que podría resumirse así:

Si entra poco, sale poco… y nadie sabe dónde se pone.

Pero se está evaluando.

Eso tranquiliza.

Después anuncia algo extraordinario:

“Vamos a dar un salto bien alto en los adelantos.”

No especifica cuáles adelantos.

Ni cuándo.

Ni cómo.

Pero el salto será alto.

Muy alto.

Tan alto que probablemente pase por encima de la realidad.

A continuación habla de educación.

Esto ocurre mientras muchas escuelas están cerradas o funcionando como pueden.

Pero el discurso dice que la educación avanza.

Porque en el papelito todo avanza.

Incluso cuando retrocede.

Entonces aparece el espíritu histórico.

El lector del papel cita solemnemente a

Fidel Castro:

“La patria ha crecido.”

Nadie está seguro hacia dónde.

Pero ha crecido.

Probablemente hacia el lado de los apagones.

De pronto el discurso da un salto cuántico.

Sin previo aviso pasamos de petróleo a educación,

de educación a historia,

de historia a conspiraciones.

Porque ahora resulta que:

“La derecha está intoxicada.”

El público, confundido, se pregunta:

—¿Y la izquierda?

Pero esa pregunta no está en el papelito.

Y si no está en el papelito…

no existe.

El discurso continúa saltando de un tema a otro como una cabra en una montaña:

economía…

historia…

energía…

ideología…

promesas…

que Songo le dio a Borondongo...

misterios…

Hasta que finalmente anuncia lo más emocionante de todo:

“PRÒXIMAMENTE se hablará de cosas novedosas que van cambiando.”

Nadie sabe qué cosas.

Ni qué cambios.

Pero serán novedosos.

Y eso ya es bastante.

Al final, cuando termina el espectáculo del balanceo y del papelito, uno no puede evitar pensar que debería existir una institución internacional llamada:

La Comisión Mundial de Discursos Ridículos.

Y si existiera…

no habría competencia.

Porque el Gran Premio Histórico al Discurso Más Confuso, Nervioso, Desconectado y Absurdamente Leído de la Historia

tendría ya un ganador indiscutible.

El hombre que convirtió un discurso en:

---UN TEMBLOR

---UN PAPEL

---Y UN APAGÓN NACIONAL  

...Sí Señores Y Señoritas... El número uno leyendo el discurso más sin sentido jamás pronunciado en una isla sin luz...

...Sin Entenderlo Y Sin Saber De Qué Trataba, Ni Qué Carajo Estaba Leyendo!!!

...Pero se hizo el milagro; quizás... SU ÚLTIMO MILAGRO!!!

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