Y MI DIGNIDAD QUÉ?
""TODO VA MÁS O MENOS BIEN EN EL MUNDO. PERO… ¿Y MI DIGNIDAD, QUÉ?""
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--Por Tío Bero, (que trata de armonizar con el mundito)
... Los que Inflan y promocionan el mundo dicen que los noticieros 'diiicen' que la economía “se está estabilizando”.
Que los mercados “muestran señales positivas”.
Que las potencias dialogan.
Que la tecnología avanza.
Todo va más o menos bien.
El presidente de turno —sea en Estados Unidos, en Cuba o en cualquier esquina del planeta— sale sonriente a decir que estamos progresando.
Los expertos hablan con gráficos de colores.
Los influencers reparten optimismo con filtros y frases motivacionales.
Pero yo me levanto, me miro en el espejo, (me peino) y me pregunto:
Oye-Tío, ¿Y Mi Dignidad, Qué?
Porque puede que el PIB suba.
Puede que bajen los intereses.
Puede que la bolsa cierre en verde.
Pero la dignidad no cotiza en Wall Street.
La dignidad es esa cosita invisible que se te cae cuando tienes que aguantar una injusticia pa' poder pagar la renta.
Cuando sonríes en una reunión aunque te estén subestimando.
Cuando aceptas lo inaceptable porque “es lo que hay”.
Todo va más o menos bien…
Hasta que te das cuenta de que estás negociando tu respeto en cuotas mensuales.
Vivimos en la era del progreso, pero también en la era del “no hagas olas”.
No hagas ruido.
No pidas tanto.
No protestes mucho.
No pienses demasiado.
No cuestiones el discurso oficial, ni el empresarial, ni el familiar.
Porque si todo “va bien”, el problema debes ser tú.
Y ahí es donde uno se encabrona y empiezas a pensar que tu dignidad se está yendo.
No por la inflación.
No por la política.
No por el clima.
Sino por esa sensación de que te están pidiendo que seas productivo, eficiente, adaptable… pero silencioso.
La dignidad no es gritar.
No es romperlo todo.
Es algo más simple y más peligroso:
Es decir “no” cuando todo el mundo espera que digas “sí”.
Es mirarte al espejo sin sentir que te vendiste barato.
Es trabajar sin arrodillarte.
Es discrepar sin odiar.
Es mantener la columna recta aunque el mundo se incline.
Puede que el planeta no esté tan mal.
Puede que las estadísticas digan que mejoramos.
Pero si para que “todo vaya bien” tengo que encogerme…
Entonces algo no está funcionando.
Porque el verdadero desarrollo no se mide en crecimiento económico.
Se mide en cuántas personas pueden vivir sin tener que tragarse su orgullo para sobrevivir.
Así que sí...
Que sigan los informes optimistas.
Que sigan los discursos brillantes.
Pero yo, mientras tanto, voy a revisar mi dignidad.
A ver si todavía está intacta.
A ver si no la dejé olvidada en alguna concesión innecesaria.
Porque si el mundo va bien…
pero yo me siento pequeño, entonces el mundo no va tan bien como dicen que va.
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