EL TRAUMA DEL RABO
""MAMÁ DORYTA Y EL TRAUMA DEL RABO NACIONAL""
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...Mamá Doryta, mujer seria, católica, respetuosa del prójimo y del sofrito bien hecho, cometió un pecado gastronómico que jamás imaginó que la marcaría de por vida: se comió un rabo de vaca encendío que parecía salido del mismo infierno.
Aquello no era comida.
Aquello era una declaración de guerra al intestino grueso.
Dicen que la receta original vino de un primo que juró haberla aprendido en un solar de Santiago de Cuba, donde el ají picante no se mide… se invoca. Y Mamá Doryta, confiada, dijo la frase que ha destruido civilizaciones:
—“Échale más picante, que yo aguanto.”
Esa noche no aguantó ni el Espíritu Santo. Sudó. Lloró. Vio estrellas que no estaban ni en la bandera de Estados Unidos ni en el cielo de La Habana.
Desde entonces, algo cambió en su psiquis.
Ahora, cada vez que Mamá Doryta ve una vaca —en televisión, en una etiqueta de leche, en una foto del campo, o en esos documentales bucólicos que pasan en el Discovery— entra en estado de alerta.
—“¡Ahí viene la desgracia!” —grita, agarrándose el estómago como si la vaca viniera con cuchillo en mano.
El otro día, visitando USA, pasando por una carnicería en Union City, vio el dibujo inocente de una vaquita sonriente en el cartel de “Carne Fresca” y sufrió un mini infarto emocional.
No era la vaca.
Era el recuerdo.
El rabo.
El fuego.
La familia intentó terapia.
Le pusieron música suave, hasta boleros de Sara Montiel para calmarla —porque si algo tranquiliza el alma es una mujer fina y tierna que canta con drama elegante— pero nada. Cada vez que escucha “Fumando espero”, Mamá Doryta recuerda que esa noche no fumó… porque estaba literalmente incendiada por dentro.
Ahora vive con culpa bovina.
—“Yo no debí… ese rabo tenía madre… y estaba en candela” —susurra mientras revuelve el café.
Se rehúsa a tomar leche entera.
Dice que siente que la miran.
Que hay juicio en esos ojos grandes y mansos.
Y así anda Mamá Doryta:
traumatizada por un guiso, perseguida por una vaca imaginaria y convencida de que el picante es un instrumento del destino para enseñar humildad.
MORALEJA CACHIMBERA:
... No es el rabo de vaca lo que quema…
es la soberbia del atrevido o atrevida que dice “ Daaale que yo aguanto!!!”.
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