DÍAZ-CANEL Y LOS 40 LADRONES

(Crónica casi fantástica de una isla al borde del colapso)""

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--Por Tío Bero, 

......En la famosa historia de Alí Babá y Los 40 ladrones, había una cueva mágica que se abría con la frase: “Ábrete, Sésamo”. Allí los ladrones escondían su botín mientras el pueblo vivía ignorante de la riqueza acumulada.

Pues bien… parece que en Cuba alguien encontró la versión tropical del cuento.

El protagonista moderno es Miguel Díaz‑Canel, quien, según los noticieros oficiales, es el valiente guardián de la patria. Pero según el ciudadano de a pie —ese que camina a oscuras cuando se va la luz— la historia parece más bien una adaptación caribeña titulada:

“Díaz-Canel y los 40 ladrones… pero sin sésamo y sin lámpara mágica.”

En esta versión del cuento, la cueva no está en el desierto.

Está en oficinas con aire acondicionado, ministerios llenos de papeles, empresas estatales misteriosas y reuniones eternas donde se habla mucho… y se produce poco.

Mientras tanto, el país está al borde del colapso, que en lenguaje oficial significa:

“situación compleja”

“coyuntura desafiante”

“dificultades objetivas”

“bloqueo imperialista con esteroides”.

Traducción popular:

no hay luz, no hay comida, no hay transporte… pero sí hay discursos.

Y discursos largos.

...En cada aparición televisiva, el presidente Miguel Díaz‑Canel se balancea frente a la cámara como si estuviera tratando de encontrar señal de Wi-Fi revolucionario. Lee cuidadosamente del papelito —porque improvisar en Cuba puede ser más peligroso que un apagón en un hospital— y promete que “ahora sí viene la recuperación.”

Eso lo llevan diciendo… aproximadamente desde la invención del televisor soviético.

Mientras tanto, los “40 ladrones” —que el pueblo identifica con esa fauna burocrática que vive del Estado— siguen administrando la escasez y la miseria con talento casi artístico.

Porque gobernar en abundancia es fácil.

--Gobernar en ruina durante décadas… y todavía pedir paciencia… eso ya es una especialidad revolucionaria.

El resultado es una isla donde:

--las termoeléctricas tosen como locomotoras del siglo XIX,

--los mercados parecen museos del vacío,

--y el ciudadano aprende a sobrevivir con tres cosas: ingenio, resignación y un ventilador que no funciona cuando se va la luz.

Pero lo más curioso del cuento es que, a diferencia del relato de Alí Babá, aquí nadie sabe exactamente dónde está la cueva del tesoro.

Porque el país está en ruinas…

pero algunos siempre aparecen manejando carros nuevos.

Un misterio digno de la literatura oriental.

...Así que la gran pregunta nacional sigue flotando en el aire caliente de la isla:

--¿Quién dirá finalmente la frase mágica que abra la cueva?

...Porque hasta ahora lo único que se abre en Cuba…

son los apagones. Y esos no necesitan sésamo.

— Tío Bero observa, apunta… y sigue esperando que alguien encuentre la lámpara. ✍️

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🇨🇺

 ""😄LOS 40 LADRONES SE QUEDAN SIN CUEVA""

(Segunda parte de la saga nacional)

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...Después de tantos años entrando y saliendo de la famosa cueva revolucionaria, parece que algo inesperado está ocurriendo en el cuento tropical.

La cueva… se está quedando vacía.

...En el relato clásico de Alí Babá y Los 40 ladrones, el problema era que alguien descubrió el tesoro escondido. Pero en la versión cubana el problema es mucho más grave:

--Ya no queda tesoro.

--Durante décadas los “40 ladrones administrativos” entraban a la cueva del Estado, abrían sacos, repartían recursos, firmaban papeles, inventaban planes quinquenales y gritaban consignas con gran entusiasmo patriótico.

...Pero un día alguien encendió una linterna. Y lo que encontraron fue… eco.

...Porque cuando se administra escasez durante medio siglo, cuando se exprime una economía hasta la última gota, cuando todo depende de discursos y milagros ideológicos, llega un momento inevitable:

---La cueva se queda sin nada.

...Ahora el jefe visible del cuento, Miguel Díaz-Canel, aparece en televisión con la cara de quien acaba de abrir la puerta del tesoro… y solo encontró telarañas.

...Los “ladrones” —que en realidad son ministros, burócratas, comités, asesores, viceasesores y supervisores del asesor— se miran unos a otros preguntando lo mismo:

—¿Quién se llevó lo que quedaba?

---¿Quién tiró la piedra?


...Mientras tanto el pueblo, que nunca fue invitado a la cueva, observa el espectáculo desde afuera, a oscuras por los apagones, con una mezcla de ironía y cansancio.

...Porque cuando la cueva estaba llena…

el pueblo no la veía.

...Y ahora que está vacía…

tampoco le sirve de mucho verla.

...Los discursos siguen, claro.

--El gobierno explica que la cueva no está vacía, sino que atraviesa “un momento complejo de reorganización del tesoro.”


Traducción popular:

—No hay nada.

...Lo curioso es que en los cuentos siempre aparece un momento decisivo. Un momento en que los ladrones descubren que el truco se terminó.

...Que ya no hay sésamo.

Que la puerta no responde.

Que el eco de la cueva devuelve las palabras.

...Y en ese silencio… los 40 ladrones se miran entre sí.

...Porque por primera vez en la historia del cuento, el problema no es quién entra a la cueva.

...El problema es que ya no hay cueva que salvar.

...Y cuando un sistema entero se queda sin tesoro, sin energía, sin comida y sin credibilidad…

...hasta los cuentos empiezan a cambiar de final.

— Tío Bero lo resume fácil:

...Cuando los ladrones descubren que el barco se fue a pique, y la cueva está vacía…

el verdadero peligro no viene de afuera.

Viene de los que están esperando afuera desde hace 65 años. 🇨🇺✍️

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